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jueves, 24 de agosto de 2023

LA MUJER CON EL PANTALÓN DE CUERO

 

LA MUJER CON EL PANTALÓN DE CUERO

 



-¡Dame un añejo doble en strike! Dicen que los ojos son las ventanas del alma, pero los que mostraba Alberto esa tarde deseaban manifestar algo más. Tomás se tomó algo de tiempo, esperaba que aquel conocido cliente pudiera reconsiderar su pedido, lo conocía muy bien y sabía perfectamente que ese no era su trago preferido. Después de saludarlo se excusó y lo dejó solo en la barra, se dirigió hasta la cocina con la hielera del bar. Cuando regresó, la acomodó con cuidado en el estrecho espacio disponible entre copas y medidores de tragos. Se movió con agilidad hasta el equipo de música y puso un disco de Los Zafiros. Nada es mejor para aliviar la nostalgia, pensó mientras regresaba nuevamente a su puesto de trabajo.


-Discúlpame la demora, es que acabamos de abrir y hoy tuve algunos contratiempos que me han retrasado. ¿Qué fue lo que me pediste? Sabía mentir con habilidad y fingida inocencia.

 

-Un doble de añejo en strike. Respondió sin cambiar el sentido de su mirada puesta en una enorme y bella litografía colgada al fondo del bar. Trataba de buscar una respuesta entre los rostros de Elena Burke, Celia Cruz, Benny Moré o la trompeta de Arturo Sandoval, quién pudiera adivinarlo.

 

-¿Estás seguro? Ese no es tu trago. Trataba de desafiarlo y le abría las puertas de su confesionario, ya estaba acostumbrado a recibir clientes deprimidos o con problemas del corazón imposibles de mantener encerrado por mucho tiempo.

 

-Hoy quiero cambiar un poco la rima, debe hacerse con frecuencia, ¿no crees? Extrajo un cigarrillo de la cajetilla y Tomás le colocó un cenicero antes de proceder a servirle el trago.

 

-¿Blanco o dorado? Está comenzando el invierno, ya es de noche y solo son las cuatro y media de la tarde.

 

-Siete años Havana Club, ¿lo tienes a mano? El invierno, me deprime esta oscuridad, el frío no me importa tanto. La oscuridad, la soledad que se respira por las aceras de la ciudad, la agotadora espera hasta el año que viene, es para volverse loco. Se detuvo a pensar nuevamente y su mirada se perdió en el enorme cuadro colgado en la pared. Con el disparador electrónico Tomás sirvió la primera línea de ron, volvió a colocar la botella en posición vertical para repetir el movimiento, ni una gota de más, no hay trampas, onza y media y otra medida igual. Buena carga para comenzar, pensó y colocó un portavasos frente al cliente, aquel no se percató de la presencia de su trago, solo había que esperar un poco.



La noche y tú, vive la luna enamorada… Se escuchó al fondo del bar. Se abrió la puerta del restaurante y entró una parejita de lesbianas que eran clientes habituales de la casa, se sentaron en una mesita de dos muy cerca al ventanal que quedaba justo al frontón. Colgaron sus abrigos en el espaldar de los taburetes mientras Tomás aguardaba con los menús abrazados contra su pecho.

 

-Dos Mojitos de esos sabrosos que sabes preparar para comenzar. Ordenó la que parecía ser el machito de la pareja, muy femenina también, pero era la que siempre llevaba la voz cantante.

 

-Dos mojitos. Repitió mientras le entregaba el menú con delicadeza a cada una de ellas, pasó por la cocina y ordenó calentar pan para dos personas.

 

-Ponme dos líneas más de lo mismo. Le pidió cuando manipulaba los ingredientes de los Mojitos solicitados, Tomás miró su reloj, trataba de conocer el tiempo real utilizado para consumir tres onzas de ron puro.

 

-¿Ya? Dale suave, creo que andas mandado a correr y te vas a marear, no hay hígado que aguante esas ráfagas. Tomó el mismo vaso y repitió la operación ante la mirada fija de Alberto, retiró la botella de añejo y colocó una de ron carta blanca. Esta vez pudo adivinar algo en el desespero de aquel hombre por ahogar sus penas en esa profunda oleada de ron. Sus ojeras habían descendido hasta los pómulos, eran de un morado más oscuro que el de aquella uva pinot noir manipuladas por él en una fábrica de vinos hacía muchos años, casi negras. Estaba más delgado también y los cañones de su barba no dejaban muchas dudas sobre un estado de abandono pasajero. –Vuelvo enseguida, voy a llevarle los Mojitos a aquella parejita, ¿vas a comer más tarde?

 

-Lo pensaré. Escuchó a su espalda.

 

-¿Listas para pedir? No recuerda si se los dijo en francés o español, estaba seguro de que una de ellas era cubana.

 

-Dentro de un ratico. Contestó el machito. Fue hasta la cocina y regresó con la fuente de pan y mantequilla. Se dio cuenta que no había servido el agua y pidió disculpas.

 

-Otro de lo mismo.

 

-¿Ya? Tú estás muy grave, nunca has tomado así. ¡Cógelo con calma!, ahora regreso, voy a llevar agua a las muchachitas. Alberto se empinó el fondo de lo que aún quedaba en el vaso y cuando lo colocó sobre el portavasos su canto dio sobre la madera, apenado lo puso suavemente en su lugar, lo hizo muy despacio esta vez.

 

-Compadre, tengo un bateo que no puedes imaginar, si no te lo suelto me reviento. Tomó el vaso y se lo llevó con desespero a los labios, sus manos temblaban. Decidió esperar por la aceptación del mensaje enviado al bartender.


-Si puedo ayudarte en algo, ya sabes. Conocía muy de cerca los sufrimientos y miserias de los seres humanos. No tenía ninguna duda, esa sería otra noche agotadora. A su experiencia de aventurero y vagabundo amoroso por el mundo, se había sumado ese roce diario con infinidad de clientes como Alberto. Asistían al bar en busca de una salvación que no se encontraba a su alcance ofrecer, tampoco les negaba una dosis de consuelo que sirviera para aliviar en algo el estado que los atormentaba. Allí, durante varias horas, descargaban todo el peso de sus frustraciones, desilusiones, traiciones, desencantos, dolores, sufrimientos y cuanto sentimiento conduce a una persona directo a ese abismo del que unos cuantos no logran escapar. La barra, como cualquier barbería, peluquería, consultas de babalaos y hasta un simple taxi, se convertía en un ideal confesionario. En los bares, esas declaraciones eran más libres o fluidas que las realizadas en cualquier iglesia. El alcohol tiene la virtud de aflojar las lenguas, libera lo que se mantiene cautivo en el cerebro y dilata un poco el corazón. Tomás se había adaptado con facilidad a su nuevo rol de confesor o consejero espiritual. Aunque existieron días en los que finalizó muy agotado, hay seres humanos con una fuerza poderosa para trasmitirte su carga de energías negativas. Al final de esos días, solo quería disfrutar un poco de tranquilidad refugiándose en su computadora, una buena botella de ron y la música de su preferencia.



-¿Te acuerdas de aquella mujer con la que salí de aquí? Sus neuronas se movilizaron febrilmente, trataba de recordar un rostro entre las decenas que desfilaban por el restaurante semanalmente.

 

-No tengo ideas de quién pudiera ser, entran tantas, tienes que darme un poco más de luz.

 

-Chico, la que estaba sentada en la misma mesita de aquella parejita. ¿No te acuerdas de que eran dos amigas?, una era argentina y la otra del patio.

 

-Por mi madre que no las recuerdo, son muchas las que desfilan por aquí.

 

-¡Déjame ver! Para que tengas una idea, la del patio andaba con un pantalón de cuero negro muy ceñido al cuerpo, era trigueña de pelo largo muy negro y anda por los cincuenta.

 

-¿No se trata de unas clientas que acudieran al restaurante con mucha frecuencia?

 

-¡Noooo! Esa fue su primera visita, después regresó con otra amiga y por último a celebrar un cumpleaños con cuatro o cinco más.

 

-¿Tú dices que usaba pantalón de cuero negro?

 

-¡Síiii! Muy elegante ella y con un cuerpo exquisitamente diseñado, educadísima. Tiene un estilo muy refinado para andar y expresarse, algo fuera de lo común entre nuestras mujeres, toda una verdadera dama.

 

-Creo que ya tengo una idea de quién pudiera tratarse, me parece que la confundí con una quebeca.

 

-¿Te vas acercando ahora?

 

-¡Ya sé de quién se trata! Una señora respetable y distinguida que para nada se acerca a la media de la gente nuestra que pasa por aquí, es de un nivel superior. ¡Sí, tienes razón!, ha regresado unas tres veces después de aquella visita. Ahora la recuerdo perfectamente, me dijo que estaban celebrando el cumpleaños de su amiga argentina. ¿Cómo iba a olvidarlo?, ese día era mi cumpleaños también. Fue un seis de Mayo y llovía copiosamente, estábamos en primavera.

 

-Ponme otro de lo mismo. Tomás se excusó después de servirle y fue hasta la mesa de la parejita.

 

-¿Están listas? Esta vez lo preguntó en francés.

 

-Un Club Habana Tropical para dos personas.

 

-¿Algo más?

 

-Dos Mojitos mientras esperamos.


-Dos Mojitos y un Club. Dejó la orden en la cocina y se dirigió al bar a preparar los cócteles.

 

-¡Me empaté con ella! Dijo a secas y trató de mojar aquellas palabras con ron.

 

-¡No te creo! Estamos hablando de algo muy especial, ligas mayores. Le respondió Tomás, pero ahora con el propósito de darle el eslabón que se había roto en la conversación. Déjame llevar estos dos Mojitos y regreso enseguida, me gusta el tema.

 

-No creas que fue fácil, ya tú lo dijiste, es muy distinta, algo exclusiva, eso pensé siempre. Ese pensar en pasado fue un detonante que sirvió para disparar toda la curiosidad de Tomás. -Me costó varios meses de fino hablar, ¿imaginas eso?, yo que siempre he nadado en la mierda. Me vi obligado a sacar lo mejor de un repertorio abandonado en la carrera, no hay espacio a un coñito, un chiste, una gracia, una broma de doble sentido. ¡Nada!, todo debe ser perfecto, estamos hablando de una verdadera dama.

 

-¡No jodas, chico! Yo pensaba que esas mujeres ya no existían, ¡oye!, esto es un cuento de terror para los tiempos que andan, me erizo con solo pensarlo.

 

-Lo que pueda contarte es poco, bueno, la influencia de tenerla a tu lado es capaz de arrebatarte de cualquier lodazal, te lo aseguro. Ponme otro trago de lo mismo.

 

-Y es la causa por la cual estás bebiendo apurado en este momento, ¿quieres ahogarla en alcohol?

 

-No seas cruel, acudo a ti por tu experiencia y paciencia demostrada con todos los socios que han pasado por aquí. En esos instantes sonó la campanita de la cocina para avisar que el pedido estaba listo.

 

-Discúlpame unos minutos. Fue volando hasta la cocina, no quería romper el hilo de aquella conversación, se sentía profundamente atraído por la figura de aquella mística mujer. Alberto encendió otro cigarrillo, lo dejó en el cenicero y aprovechó la ausencia del bartender para ir hasta el baño.

 

-Fue algo así como una batalla tratar de convencerla que estaba desperdiciando estos años de su vida. Le dijo sin terminar de sentarse.

 

-Lo imagino, he tenido experiencias como ésa y créeme, se disfrutan muchísimo. Debes acudir a ese romance cargado de un lirismo que ha muerto con nuestros abuelos. Son casos excepcionales que desean vivirse a plenitud, se sienten y logran penetrar con facilidad al último rincón de tu alma. Corres el riesgo de enamorarte, toda música llega celestial a tus oídos.

 

-¡Así mismo es!, se sufre, mi hermano. Sientes temores por lo que dices o dijiste, siempre queda la duda del pecado escapado entre palabras.

 

-¿Cómo te empataste con ese pollo? Coño, disculpa la expresión tan liviana.

 

-No hay razón para disculparse, es un pollo aunque la vistan de gallina fina o pavo real, ella lo es. Es una dama con cierto donaire de alcurnia, pero esas condiciones o cualidades no la diferencian de una mujer común y corriente. Una dama siente y padece como la más ignorante y humilde de nuestras mujeres, solo se diferencian de ellas en su capacidad para sufrir. Cuando logras desbaratar la coraza que ellas solas se han creado buscando protegerse del mundo, al que condenan y a veces miran con desprecio, descubres a un ser humano que viste todas nuestras debilidades y que trata de mostrarse insensible, muy duro y de una rectitud casi religiosa.

 

-No florees más, porque dentro de un rato comienzan a llegar los clientes de la casa y nos van a dejar a medias, te pregunté cómo la habías ligado.

 

-Muy difícil, creo que pasaron meses de intercambios verbales hasta el día que la invité a cenar y ella aceptó con desconfianza. Ese día metí la pata como no puedes imaginar.

 

-¿Qué barbaridad hiciste? ¡Coño! Si no la hacemos a la entrada deben esperarnos a la salida, eso no falla.

 

-Para qué contarte, solo fui sincero y dije algo que no debía. Se detuvo y bebió del vaso, encendió otro cigarrillo y Tomás le cambió el cenicero.

 

-Si sigues con los comerciales nos vamos a quedar a mitad de la película y no podré ayudarte. Le mentía, estaba verdaderamente interesado en aquella historia apartada de la vida normal de la mayoría de los cubanos.

 

-¡Compadre, qué metedura de patas! Mientras iba conduciendo a mi apartamento, porque de verdad quería ser romántico y elevarme ante sus ojos a la estatura de un caballero. No sé si me entiendes, yo quería cocinar especialmente para ella, todo lo tenía preparado, solo me faltaron las velitas para la ocasión. Pues se me ocurre la brillante idea de manifestarle que yo había pensado que ella era lesbiana, ¿te imaginas qué metedura de patas?

 

-Cuando yo te lo digo, por esta barra desfilan cada comemierdas, ¿no pudiste amarrarte la lengua?

 

-Ponme otro trago por favor.

 

-Pero ya se te está enredando la lengua y me vas a dejar intrigado.

 

-No temas, con todo el dolor que llevo dentro no puedo emborracharme, las bilis cortan los efectos del licor y debo soltar todo lo que llevo dentro o reviento.

 

-Bueno, cálmate y bebe un poco más despacio.

 

-Pude salir de aquella tormenta con mucho remar contra el viento, estaba decidido llegar a puerto seguro. No insistí esa vez, pero estaba convencido de que ella, por muy dama que fuera, tendría su momento de debilidad y reflexión, el mismo que yo debería utilizar oportunamente para lanzarme otra vez al ataque. ¿Por qué desprecias y dejas pasar este tiempo tan maravilloso que te regala la vida? Luego, cuando nos caigan los años encima, te arrepentirás de haber desperdiciado esta ocasión. La vida es esa suma algebraica de momentos, cuando los malos superan los felices, puedes llegar a la conclusión de que tu vida ha sido una mierda. ¡Claro! Eso se lo dije con otras palabras, nada de eso se le puede decir a una dama.

 

-¿Y cuál fue su respuesta?

 

-¿Su respuesta? Qué tenía mucho miedo a fracasar otra vez.

 

-¿Por qué, era divorciada o viuda?

 

-Es una historia muy larga, el padre de su hijo se había borrado del mapa con la querida, marchó a Venezuela y no tiene noticias de él desde que su hijo era muy pequeño. En Cuba le dejó como regalo a su madre, o sea, la suegra de ella. Esta dama la mantuvo y atendió hasta el día que la sepultó. Creo que es un gesto que nunca dejaré de admirar en ella, es un verdadero monstruo para enfrentar la adversidad. Después viene lo peor, estuvo con un hombre con el cual las relaciones eran casi perfectas en cuanto a comunicación humana se refiere. Según ella, muy profesional y educado, pero esas virtudes no son suficientes para darle solidez a las relaciones de una pareja o matrimonio. Fracasó porque no le gustaba y él no era capaz de satisfacerla en la cama. De muy poco sirven las palabras rebuscadas en diccionarios y la música lírica a la hora de cenar. Tú eres un hombre de experiencia y sabes perfectamente que millones de parejas fracasan cuando llegan a ese momento, la cama lo define todo, olvídate de lo demás. Que existan mujeres como nuestras abuelas que lo sacrifiquen todo, incluyendo su felicidad a cambio de cierto bienestar, esas mujeres existieron y aún existen en este siglo aunque pensemos lo contrario ¿Quieres mejor armamento para lanzarte al ataque cuando eres un cabrón de la calle? Desvié toda mi artillería en esa dirección, ya sabes, el diploma de macho no se adquiere en ninguna universidad y ya tenía experiencias con mujeres del mismo nivel cultural, intelectual y educacional de ella. Sabía de la pata que se cojea en esos casos. Son batallas mucho más sencillas de vencer que si se tratara de una de las simples muchachitas de nuestros barrios, allí si había que lucir la franela. Me encontraba ante el típico caso de la insatisfacción sexual donde la mujer se condena y acusa de frigidez, sin descubrir que parte de esa culpabilidad le corresponde al hombre, pero reaccionan de acuerdo a las experiencias y serviles consideraciones de nuestras abuelas. Se detuvo nuevamente para encender otro cigarrillo, se observaba mucho más animado en la medida que deslastraba todo lo amargo que llevaba dentro.

 

-No veo razones para que te auto flageles, descubriste sus debilidades y ese conocimiento te permitió conquistarla. No encuentro la justificación para que bebas con desenfreno y acudas a mí en busca de ayuda. Descansa un poco y para de beber.

 

-Es que no he comenzado, no puedo conducir tres años de felicidad hacia un abismo con pocas palabras. Una noche y mientras tomaba café en la cocina de su apartamento, sería medianoche y estaba a punto de partir, le pedí que cerrara sus ojos y coloqué la palma de mi mano a tres centímetros de su piel. ¿Qué sientes?, le pregunté. ¡Nada! Respondió ella y tenía razón, no quise acercar mi mano lo suficiente para evitar sintiera ese fuego que me quemaba por dentro.   -¡Continúa con los ojos cerrados! Le pedí esta segunda vez y solo coloqué la palma de mi mano sobre su antebrazo, la froté con algo de malicia. ¿Qué sientes? Ella guardó silencio, pero su piel la delató, se le erizó todo el cuerpo. ¿Te das cuenta? Estás viva y eres tú la que se empeña en suicidarse lentamente. Tienes derecho a vivir y experimentar algo nuevo si te lo propones, la vida no termina en el final de esas dos relaciones que mantuviste, eres una mujer sumamente bella que puede ser deseada por el mejor o peor de los hombres, pero si no escapas de esa coraza protectora nunca lo sabrás. Esa noche salí convencido de que había avanzado mucho en ese combate mantenido contra un bloque de hielo vestido de mujer. Como era mi costumbre, iba conversando con ella por el celular para evitar dormirme en el camino. Hablábamos de todos los temas habidos y por existir, pero esa noche nos detuvimos en nosotros y cuando ya había recorrido unos cuarenta kilómetros que me separaban de su casa, ella me pidió que regresara. ¡Ponme otro trago más! El camarero había entrado a su hora y Tomás no se preocupó por los clientes que habían arribado mientras escuchaba la historia, la fantástica historia narrada por uno de sus clientes.

 

-¿Y regresaste? Le preguntó después de servirle el trago.

 

-¡Eso no se pregunta!, ¿no lo hubieras hecho tú después de tantas semanas de lucha?

 

-Yo no dudaría en hacerlo.

 

-Yo tampoco, viré en el primer semáforo y volaba por la carretera.

 

-¿Y?

 

-Fue una de las noches más maravillosas de mi vida, serían las dos o tres de la madrugada cuando llegué nuevamente a la casa. Tenía una botella de ron en el auto y la bajé, se prestaba muy bien para relajar un poco las tensiones, además, no tenía ningún interés en lanzarme de nuevo a la carretera, podía beber confiado. La primera vez nunca es perfecta, ni tiene la espectacularidad que uno trabaja en la mente con frecuencia casi enfermiza. Planificas miles de posiciones y deseas superar a quienes te antecedieron. Anhelas ser el nuevo héroe, estás convencido de poder lograrlo, pero te detienen infinidad de circunstancias ante una persona que no corresponde a tu mundo. Una palabra, un gesto, un movimiento, una posición que sabes sin dudas produce ese gozo necesario que conduce al orgasmo escondido, puede interpretarse como un acto de vulgaridad y debes conducirte bien despacio. Luego, ambas naves lograrán la velocidad deseada en la medida que se descubran.

 

-¿Pero quedaste bien o hiciste un papelazo?

 

-Creo que muy bien.

 

-¿Crees solamente?

 

-No, estoy convencido que sí.

 

-Entonces, no le encuentro el final a tu tragedia.

 

-Ya lo dijiste, es una tragedia. Se acabó el disco de Los Zafiros, ¿no tienes uno de Tejedor o Roberto Faz?

 

-Sí los tengo, pero tu historia se va a convertir en una crónica roja con ese fondo musical.

 

-Es igual si pones uno de Lino Borges.

 

-Te voy a poner a Tejedor para que sangres por esa herida. Ambos rieron.  -¿Y después? Preguntó Tomás cuando regresó nuevamente a la barra.

 

-¿Después? Debía llevarla poco a poco, lentamente por el camino de la perdición. ¡Claro! Perdición para la gente de su estirpe, pero repleta de gozos y placeres para los incultos como nosotros. Solo hay algo que no nos diferencia, ambos cuerpos son iguales y al final del camino todos disfrutamos por igual. Debes imaginar.

 

-No, no imagino nada, solo escucho para luego darte mi opinión, viniste en busca de ayuda, ¿o me equivoco?

 

-No, así mismo es.

 

-Entonces desembucha todo eso que te quema por dentro, caso contrario nunca tendrás cura.

 

-La llevé hasta donde yo quería, la revolqué sin que se diera cuenta en cada una de las camas de aquellas posadas de La Habana. ¿Posiciones? Creo que nos faltó colgarnos de las lámparas, lo disfrutamos mucho. Te advierto, tiene un cuerpo maravilloso y no se requieren muchos esfuerzos para excitarte. Cuando te encuentras en una situación como ésta, no hacen falta los sacrificios a los cuales nos sometemos para complacer ese instinto animal que llevamos dentro, es sumamente bella cuando está desnuda, vestida es una princesa. Como te decía, hicimos todo lo que está permitido dentro de las relaciones entre un hombre y una mujer en la intimidad. Cuando se agotó el repertorio tuvimos nuestras creaciones, hablo en plural porque ella tomó las iniciativas en varias oportunidades y todo le quedó muy bien. Puedo deducir que fingía ante el fracaso de sus relaciones anteriores, pero le doy un voto de confianza. Eso sí, fueron muy pocas, escasas las veces en los cuales no se produjeron esos orgasmos ausentes en su pasado. Sucedieron, pero por razones que no tenían que ver con estado anímico o gusto, simplemente hay días donde uno u otro no se encuentran debidamente dispuestos para soportar más de una hora de excitantes movimientos. El baño fue nuestro altar, siempre nos bañábamos juntos. Allí se iniciaba una ceremonia casi sagrada y diaria. Lavarle la cabeza era un acto no carente de sublimidad, yo disfrutaba mucho viendo bajar esas burbujas de espuma a lo largo de su cabellera para luego perderse entre sus nalgas. El enjuague siempre culminaba con ese beso morboso donde se enredan las lenguas y las puntas de sus senos firmes, increíblemente duros y pequeños, parados como los de cualquier señorita, chocaban contra mi pecho y provocaban esa descarada erección que luego busca el final de su aventura. Cuando le aplicada el suavizador me enjuagaba las manos en los vellos de su pelvis, muy abundante y tupido como le gusta a la gente de nuestros tiempos, geométrico, un triángulo perfecto. Después nos enjabonábamos, yo lo hacía primero con ella, recorría con la esponja cada milímetro de su cuerpo, pero cuando llegaba a sus partes íntimas lo hacía con mis dedos. Siempre se me escapaba la misma exclamación, tienes el clítoris alborotado, le decía. Cuando logré sumergirla en mi fango la palabra cambió por la de pepita o simplemente pepa, ella no lo rechazó, me aceptaba tal y como era, simple o vulgar para estas cosas. Fueron demasiadas las veces que terminamos allí mismo, debajo del chorro de agua tibia y la bañadera a mitad de su capacidad. Unas veces ella encima de mí o yo arriba de ella, poco importa. Después me enjabonaba ella, comenzaba por el cuello, se detenía en los sobacos, insistía demasiado y yo le llamaba la atención, nunca he usado desodorante. Continuaba y al llegar al pene no podía resistirse, se inclinaba y solo pude detenerla cuando estaba a punto de eyacular, entonces, casi le suplicaba culminar en la cama. Una de mis posiciones favoritas, al menos con ella, era que se sentara encima de mi pecho y me pusiera todo aquello que Dios le regaló para ser feliz al alcance de mi boca, ella se volvía loca y yo me arrebataba. Por hacer, cuando ya no nos quedaba mucho y no descubrí la posición que reclamaba pocos esfuerzo de ambas partes para volvernos locos, nos filmamos y luego nos reíamos u observábamos muy serios nuestras locuras, jadeantes aún, escapados de este planeta, con el semen y sus lubricaciones, muy abundantes, mojando las sábanas. Se detuvo y encendió otro cigarrillo. –Ponme un trago más.

 

-Sí, mejor agarra un diez y ve a orinar porque casi me la paras con esa película porno. El camarero le pidió dos Mojitos y una Margarita, Alberto se sentó nuevamente y observó como los preparaba. –Compadre, no encuentro un filo para dictar fallo, todo va perfecto hasta ahora. ¿Qué tiempo tuvieron de relaciones?




-Ahí es donde comienza el drama, fueron más de tres años de lujuria y felicidad.

 

-¿Vivieron los tres años juntos?

 

-No, realmente compartimos vida matrimonial durante unos cuatro meses.

 

-¿Por cuál razón, no eras feliz con ella?

 

-Sí, pero mantuve la unión de mi matrimonio de una manera forzada, solo para complacer a la sociedad.

 

-¿Y ella qué decía?

 

-¿Qué decirte, cómo pudiera adivinar sus sentimientos?

 

-En esta parte no te entiendo, me hablas claro o terminamos con esta película.

 

-¡Compadre! Ese tiempo transcurrió entre disgusto y felicidad, no puedo definir cuál de las dos fue la que se impuso. Ya sabes que hay mujeres amantes de los policías, bomberos, doctores, militares, marinos, quien pudiera saberlo. Hay mujeres que adoran sus posiciones de “queridas” o “amantes”, son perfectas y extremadamente complacientes. Luego, cuando saben que te tienen amarrado por los timbales, las amantes imperfectas se vuelven muy exigentes y asumen los papeles de esposas. Ella no me demostró ni una u otra cosa mientras vivimos separados. ¡Claro!, me reclamaba cuando mis estancias en su casa eran muy cortas, pero nos adaptamos a vivir así, tanto ella como yo vivimos con cierta perfección nuestros falsos papeles de esposos. Ella se extendió un poco más allá de los límites establecidos por el secreto de aquellas relaciones pecaminosas ante los ojos de los demás. ¿Qué quiero decir? Que ella se refería a mi existencia como la de su esposo, por supuesto, para mí era un secreto a voces aquellas relaciones.

 

-Por mi madre que no acabo de entender nada.

 

-Ni lo entenderás hasta que no te cuente el final de esta historia.

 

-¡Por Dios! Elimina los comerciales que el tiempo pasa.

 

-Tuve problemas en mi casa y mi esposa me expulsó aplicando las leyes populares de la isla, te vas y no te pertenece nada. No quiero profundizar en esto que daría origen a una historia mucho más extensa, me botaron de la casa y fui a recalar a la de la dama. Bueno, la llamé por teléfono y conté con ella para unirme a su vida. La respuesta no fue la más agradable que yo hubiera deseado escuchar, por supuesto. Ya habían transcurrido tres años de pesadilla y podíamos emprender una nueva vida, satisfacía de esta manera todos aquellos reclamos de ella por mis cortas estancias en su casa, teníamos la vida por delante. Eso era lo que yo tenía en mente cuando comencé a recoger la ropa de mi casa y viajaba en el auto. ¡Coño! Finalmente voy a ser feliz, hace muchos años que deseo serlo y tengo derecho, al fin. Sería oportuno señalarte que durante todo ese tiempo transcurrido, me refiero al que existe desde el primer encuentro hasta el día de mi mudanza, su hijo en Cuba tenía de cierta manera conocimiento de la existencia de esas relaciones entre su madre y yo. Tiene que ser extremadamente comemierda para no imaginarse que, tanta insistencia de mi presencia en la casa de su madre a cualquier hora del día, no tuviera como justificación una relación más sólida que la de una simple amistad. Pero bueno, supongamos encontrarnos ante una persona subnormal, demasiado ingenuo o cínico, cualquiera de las tres versiones es aceptada. El caso es que mis relaciones o intercambio de mensajes fueron tan familiares y frecuentes que llegué a ser considerado un padre para él. Solo después pude comprobar que era solamente en apariencias y no dejo de reconocer la excelentísima calidad de la hipocresía con la que fui tratado. Se detuvo a encender otro cigarrillo y pidió un trago más.

 

-¡Coño! La situación es mucho más complicada de lo que imaginaba.

 

-¡Déjame terminar! Estoy por largarme al carajo.

 

-Si quieres un consejo sano, no lo hagas antes de desembuchar toda esa amargura que llevas dentro.

 

-Bueno, cuando me mudé aquellas relaciones con su hijo cambiaron radicalmente, no solo con él, ocurrió también con su mamá. ¡Carajo! Si tengo algo dentro de esta mente es maldad, me doy cuenta de cualquier cambio de la misma manera que los meteorólogos en un observatorio. Mientras me encontraba fuera de ese territorio era un protector utilizable, cuando invadí el protectorado por ellos imaginado desde la isla, estaba violando intereses, esas son mis conclusiones.

 

-Esta parte no la entiendo muy bien.

 

-Muy sencillo, yo tampoco comprendí las razones de ese cambio hasta el final de esa historia. Existieron planes y sueños inmediatos, fuimos extremadamente felices las primeras semanas posteriores a esa unión casi forzada. Debo reconocer que ella hizo todo lo que estuvo a su alcance para sacarme del bache donde me encontraba sumergido y provocó una profunda depresión. Imaginé también que esa felicidad era compartida, ya estábamos juntos como me reclamara durante tanto tiempo, pero me equivoqué como cualquier niño. Todo comenzó a cambiar repentinamente de la noche a la mañana y lo cotidiano se transformó en molesto. La palabra amorosa claudicó y cedió su rumbo a la violenta e injustificada protesta y maltrato. Todo se fue perdiendo repentinamente, ella pensó que las pausas de tiempo fueron prolongadas, pero no se dio cuenta que todo ocurrió en menos de un mes. Hay un detalle muy interesante que mantuvo su vigencia durante todo el tiempo que duró nuestras relaciones, cada vez que lo consideró oportuno, ella insistía en lastimar mi pasado menos brillante que el suyo. Todas, al menos la mayoría de las mujeres que formaron parte de mi vida, eran unas simples putas ante sus ojos. ¡Claro! Esa condena le cayó de gratis a esas mujeres por mis antecedentes libertinos, solo ella era representante de la perfección y no sabía hasta qué punto estaba equivocada. Injustamente metía en el saco a decenas de mujeres que nunca me hubieran regalado una traición tan baja como la suya. Aquel último mes se convirtió en un gran infierno para mí, no digo yo si tengo que contártelo, si no lo hago reviento, así que disculpa todo este descargo.

 

-¡No, hombre! Suelta todo eso que llevas dentro o nunca podrás dormir. ¿Qué tiempo llevas separado de esa dama?

 

-Voy a cumplir tres meses.

 

-¿Y puedes dormir tranquilo?

 

-Eso quisiera.

 

-Bota entonces ese veneno que ella sembró en ti y cargas en el alma.

 

-Aquella comunicación fluida con su hijo se rompió sin causa alguna repentinamente, se perdió el intercambio de mensajes de un día para otro. Después de estar fumando dentro de la cocina durante tres años con el extractor funcionando, el humo se le convirtió en insoportable y tosía exageradamente. Muy bien, salí a fumar al exterior con cinco, diez, quince grados bajo cero. Incluso, me vino muy bien, me limitaba ese vicio. Pero bueno, ya le molestaba que fumara incluso en una de las puertas del edificio a más de diez metros de la suya, soporté esa prueba y aguanté por tal de protegerla. Se perdió el beso de despedida antes de dormir, siempre, al levantarnos o acostarnos nos besábamos, ambos besos se perdieron inexplicablemente, no existieron causas para privarme de algo a lo que solo ella me acostumbró y acepté con agrado, era una simple manifestación de cariño o amor. Dormíamos abrazados, yo del lado derecho de la cama y su pierna izquierda entre mis nalgas, su brazo sobre mi cintura o cadera. Sin conocer la razón, ella optó por dormir en el otro extremo de la cama, y por supuesto, me alarmó también esa actitud. Dejamos o dejó ella de bañarse conmigo, la última vez que lo hicimos tuve una erección y ella me contó que se había muerto su padre, sentí vergüenza por aquel deseo animal de poseerla, claro, la erección ocurrió sin tocarla o insinuarle nada, espontáneamente, siempre ocurría así, no era imprescindible el manoseo para alcanzarla, nos gustábamos mucho, eso he pensado siempre. Después de eso, no coincidimos en el baño hasta tres días antes de abandonar lo que había considerado mi nuevo hogar. ¡Ojo! Fue una acción voluntaria de ella entrar al baño conmigo y realicé cuanto sacrificio es posible para evitar esa inesperada e involuntaria erección. Inconforme con mi resistencia y pasividad ante toda manifestación de molestia demostrada por ella, pasó a un nivel superior de maltrato, el oral. Todo lo que yo decía o hacía estaba mal y era justa su condena. Las peleas de su parte fueron constantes y si fuera un poquito sincera, si le preguntaran cuáles fueron mis respuestas, solo podrá decir que le respondí con mi silencio y salía a fumar al exterior. Fue un mes que no se lo deseo a nadie, maltratos injustificados a cambio de todo el amor y cariño que le brindé durante el tiempo que duró nuestras relaciones. No puedes suponer cuánto llegué a quererla, no hubo un instante, uno solo de nuestras existencias, donde fuera necesario regatear un mimo o gesto de cariño como agradecimiento a toda la felicidad que me regalaba. Fueron semanas de felicidad nunca experimentadas en mi vida, te lo juro. Alberto se detuvo y encendió un cigarrillo. ¡Compadre, ponme un trago más!

 

-¿Vas a comer?

 

-Si como ahora me enveneno, por favor, me queda poco, déjame aliviar esta carga.

 

-¡Suelta todo lo que te quede dentro!

 

-Tengo mucha carretera, experiencia, calle, maldad y edad para comprender cuando algo anda mal. Yo sabía que detrás de todas aquellas acciones se escondía algo que ella no tuvo valor o sinceridad para confesarme. Pude decidir irme de la casa de un solo viaje sin averiguar nada, pero quería escuchar esa proposición de su boca. Una mañana me dijo que iba a desayunar con unas amigas y no le di mucha importancia, aunque razones me sobraban para desconfiar, por estar juntos respirábamos el mismo aire que el otro acababa de expulsar de sus pulmones. Al mediodía regresó y me pidió sentarnos en la cocina. -Tengo una enfermedad terminal y no quiero complicarte la vida. Esta es una buena fecha para que regreses con tu familia, es un regalo de Navidad. Nunca debiste haber abandonado tu casa por mucho que alegara tu esposa, tienes tus derechos y estamos viviendo en Canadá, debes reclamarlos. Pero sobre todas las cosas, ¿te imaginas el regalo que le harás a tu familia con este regreso? Dijo Margarita, porque ese es su nombre. La escuchaba con atención y no podía dar crédito a sus palabras. Todo un mes de sufrimientos inmerecidos para escuchar estas palabras, te lo juro Tomás, deseaba que me tragara la tierra en aquel momento, pero hice gala de la mayor ecuanimidad del mundo.

 

-¡Mira! Tengo muchos años en mis costillas, experiencia y kilometraje. Hace mucho tiempo que estaba esperando te llenaras de valor para llegar a este momento. Le pedí a Dios y todos sus santos que fueras sincera conmigo, como pago a mi conducta contigo. No puedo estar viviendo con una persona en contra de su voluntad, no te puedo obligar, pero créeme, fue innecesario este mes de constantes maltratos. Yo no me lo merecía, no lo merezco, he sido muy cariñoso, sincero y muy fiel contigo. Ve preparando mis cosas, yo me voy de esta casa inmediatamente. Salí a la calle con el pretexto de fumarme un cigarro y hablé por teléfono con mi hijo para manifestarle mi deseo de mudarme con él, aceptó inmediatamente. Bueno, cuando salí de mi casa él me había brindado la suya y yo no acepté, puedo considerarlo uno de mis graves errores, ya te mencioné algo sobre los gustos e inclinaciones de algunas mujeres a la hora de compartir con un hombre. ¿Qué te cuento? A la mañana siguiente comencé a cargar nuevamente mis bártulos, esta vez con un dolor multiplicado, había cosas que nunca llegaré a comprender. Uno o dos días antes de abandonar aquella casa que equivocadamente consideré mía, entré a bañarme y para sorpresa, después de su luto inesperado, ella entró a la ducha después de mí, ya te conté. Nadie sabe lo que es rezar pidiéndole a Dios para que no se te pare, yo sí lo sé y lo logré. Salí antes que ella del baño y cuando me disponía a ponerme el calzoncillo ella detuvo mi intento. Hoy me rompo la cabeza y me pregunto mil veces, ¿si tenía intenciones de mandarme a la mierda, por qué lo hizo? Después de todo lo sucedido lo comprendí y créeme el amor que sentí por ella se fue transformando en desprecio. Me duele en el alma, pero no puedo sentir otra cosa, ¿por qué se acostó conmigo antes de lanzarme a la calle? En uno de mis regresos por ropa me muestra unas latas de pintura que el conserje le había traído para pintar el closet de un cuarto invadido por la humedad. Fui tan generoso que le prometí regresar al día siguiente a pintar el mencionado closet y así lo hice, fui tan comemierda. Esa mañana ella tuvo que salir misteriosamente, me brindé para llevarla a donde fuera y rechazó mi oferta. Partió en ese viaje misterioso y yo regresé a la casa de mi hijo, mi nuevo hogar. No sé por qué, tal vez picado por la curiosidad o la desconfianza nacida a partir de varios movimientos sospechosos que me llamaron mucho la atención, porque no te he contado de ellos. Como por ejemplo, esconderse para hablar por teléfono, intriga que nunca había existido entre nosotros. Bueno, el caso es que me da por entrar a revisar sus correos, lo hice por simple curiosidad y alimentado por todas esas sospechas que me alimentaron su conducta anormal en aquellas últimas semanas. ¿Puedes ponerme otro trago? Le mostró a Tomás el vaso totalmente vacío y extrajo otro cigarrillo de la cajetilla. Al darse cuenta le cambió nuevamente el cenicero.

 

-¡Ño! No es fácil todo eso que me estás contando. No sé ni qué carajo responderte cuando me preguntes, mis experiencias no llegan tan lejos. Le puso el vaso con el trago y lo anotó en la hojita de su solicitud.

 

-Es que no he terminado, por eso no puedes hacerte de un criterio firme. Quién te dice que hasta esos instantes yo había aceptado mansamente la separación. Ya te dije que soy el primero que no obligaría a una persona a vivir con otra en contra de su voluntad, pero me encontraba ante una situación totalmente distinta. Cuando logro entrar en su buzón de Yahoo, veo con asombro todo el intercambio de mensajes entre ella y sus amigas, entre la que se encontraba la mencionada anteriormente, una mexicana y los que ella le envió a una quebeca que ya está bastante entrada en años. Déjame decirte que sentí deseos de regresar y cometer una locura. Todo era mentira, desde hacía varias semanas, las mismas que ella mantuvo esa actitud agresiva contra mí, se estaba cocinando a mis espaldas lo que no dejaré nunca de considerar una asquerosa traición. Me asombré de los consejos brindados por sus amigas, me asombré por una sola razón, yo compartí con ellas y lo peor, con el marido de la argentina. Sus temores a que el esposo se enterara de todo lo que estaba ocurriendo a mis espaldas era manifiesto. Te hablo de un acto inmoral que a la corta o la larga se tendrá que enterar, solo hace falta que coincidamos en tiempo y espacio. Sentí asco con las recomendaciones que le dieron y no puedo concebir que hayamos compartido como amigos alguna vez. Seguí buscando y encontré los mensajes que habitualmente yo recibía de su hijo dirigido a otra dirección. Continué en mi búsqueda y leo los mensajes de ella hacia unas amistades en Toronto solicitando recibieran al mismo hombre con el que había fracasado en su segundo intento, los califiqué de cómplices también, todos eran mis enemigos a partir de esos momentos, una pandilla de hipócritas. Pero eso no es lo peor.

 

-¡No jodas! ¿Hay algo más malo todavía que supere todo lo que me has contado? Tomás no pudo contener la ira y lo interrumpió.

 

-Si lo hay, una tarde, la siento hablando con no sé quién carajo, donde le manifiesta que su amiga quebeca, una anciana de unos ochenta años, estaba dispuesta a brindarle su apartamento a Gilberto durante el tiempo que estuviera en Montreal. Fue ese día y no otro cuando yo me enteré que su antiguo marido, el mismo que no podía satisfacerla sexualmente, estaba a punto de llegar a Montreal. Fui tan comemierda, tan inocente, sano, estúpido, imbécil, ingenuo, infantil y todo lo que se pegue si estuviera en uno de nuestros barrios, que le dije; “No hace falta involucrar a tu amiga, que era mía también”, ese hombre se puede quedar en el cuarto disponible para los huéspedes, yo soy una persona de mente abierta y aquí no ha pasado nada. ¡Qué clase de comemierda fui! Alberto se detuvo nuevamente, como tratando de respirar profundamente antes de sumergirse otra vez en sus recuerdos y yo no quise presionarlo.




 

-¡No puedo creerte! Se me hace difícil darle crédito a lo que estoy escuchando, estas son cosas que corresponden a la juventud que está llegando ahora.

 

-¿Qué edad tiene ella?

 

-Si me crees o no, es tu problema. He llegado hasta aquí para desahogarme, creo que es el mejor lugar.

 

-Es un decir, ya sabes cómo somos los cubanos. Esto es inaudito y no tiene otro nombre.

 

-No he terminado, el asunto es que en apariencias, solo así, he partido de acuerdo a la versión que ella se encargó de difundir entre los amigos cercanos, pues salí voluntariamente a reunirme con mi familia y ese encuentro era mi regalo de Navidad. Todo es falso, ni yo he tenido la voluntad de regresar con mi esposa, algo que no haré y es de suponer que si mi separación de ella era voluntaria, no existía razón alguna para prohibirme ir a la casa hasta una fecha determinada y llamar por teléfono. ¿Consideras eso como una salida amistosa?

 

-Por supuesto que no, todo indica que te botaron de la casa cuando existen esas limitaciones.

 

-Pues bien, dentro de todo ese cruce de mensajes entre sus amistades estaba la fecha de arribo del personaje a Montreal y su convocatoria a formar una comisión de recepción, ¿qué te parece?

 

-Me has dejado frío.

 

-Pues el tipo llegó y como es de suponer, yo le reclamé. ¿Sabes cuál fue su respuesta? Porque claro, yo le dije que no comprendía nada, no era fácil aceptar salir de una casa y que a los tres días tuviera a otro tipo metido en ella. Su respuesta fue muy sencilla, era un huésped que dormía donde yo había pintado el closet, así de simple. O sea, después de viejo yo tengo pinta de comemierda o maricón, ¿no te parece?

 

-Bueno, si nos remitimos a las costumbres y usos de nuestros barrios debe aceptarse esa versión que me das.

 

-¿Sabes otra cosa? Es verdad que peco de comemierda después de viejo, soy tan fatalmente noble que acepto todos los sacrificios que pueda realizar una madre por un hijo, pero desgraciadamente ese no es su caso. Yo la perdonaría si tuviera que vender su alma por salvar la de su hijo, pero este sacrificio no le pertenece, no es su hijo precisamente por la que está vendiendo su felicidad.

 

-Cuando hablas de venta te refieres indirectamente a una modalidad de prostitución.

 

-No es que ella sea una prostituta, pero toda esta maniobra viene rodando desde Cuba y no es nada nuevo entre nosotros. Entre sus planes se encuentra sacar a un sobrino de la isla apadrinado, ¿qué sucede y cómo lo ven desde allá? El tipo es médico y llega con posibilidades de un salario elevado que pueda resolver esos planes, yo no puedo enfrentarlo económicamente y veremos más adelante, él no es pariente, ni doliente. Supongamos que al final lo pueda lograr, donde hay plata se abren puertas, así funciona esta sociedad. Como te dije anteriormente, yo soy capaz de comprender los sacrificios a los que se expone una madre en beneficio de su hijo, y repito, no es su caso específico. Ante esa situación, yo soy el primero en comprender, colaborar y perdonar, pero de ahí a aceptar ser traicionado, bueno, ya estamos hablando de cosas con mayor peso y eso que no tenemos tiempo para que te cuente la historia completa.

 

-¿Hay más?

 

-¡Claro que sí! Pero me basta con esto que te he contado, ¿qué tú crees?



-Por casualidad leíste alguna vez aquella obra de Miguel de Carrión titulada “Las Honradas” y “Las Impuras”.

 

-No, no lo he leído.

 

-Pues te recomiendo que lo hagas y acabarás de comprender un poco tu problema.

 

-Ella no considera esto un acto de traición.

 

-¿No? Tampoco se consideró que la tierra era redonda durante mucho tiempo, era una herejía considerarla así.

 

-¿Cuánto te debo? ¿Qué hago?

 

-Voy a sacar la cuenta, pero te recomiendo que la entierres, esa dama hará infeliz hasta su sombra.

 

-¡Discúlpame, mi hermano! Si no te digo estas cosas me reviento.

 

-Yo lo sé, ¿y ahora?

 

-¿Ahora? No confío en ninguna dama, regreso con las que ella casi siempre calificara de putas. Al menos eran más sinceras y fieles. ¿Qué me aconsejas?

 

-¡Paga y vete a dormir! No tengo medicina contra las traiciones, date un poco de tiempo y no olvides que un clavo saca a otro clavo. No vale la pena sufrir, el castigo viajará con ella cada vez que se acueste con ese hombre, tú estarás allí, bien profundo dentro de su mente, nunca será feliz, ¡vete a dormir tranquilo!

 

 



 

 

Esteban Casañas Lostal

Montreal..Canadá

2010-03-25

 

 

 

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