Es un pequeño baúl donde guardaré muchos de mis recuerdos. Cierto es que he escrito demasiado sobre mis aventuras en el mar, pero como todo marino, se impusieron pausas en tierra donde no escasearon aquellas inolvidables aventuras que comienzan desde la infancia. Yo soy Papum para mis primos paternos, Papucho para una parte de ellos, apodo que cargué con cariño y ellos me devolvieron en Miami cuando pensé haberlo olvidado. Lo llevé desde niño por ser hijo de Papo.
Cuenta la “leyenda” que durante la celebración de uno
de aquellos Premios Girasol de Opina realizados en el teatro “Blanquita”, Charlie
Chaplin y finalmente Karl Marx, su presentadora, aquella señora que antes del
1959 promoviera al jabón de lavar “Rina”, tuvo un fuerte encontronazo con un
hombre que había perdido a su mascota de color azul.
Según me contó la “leyenda”, porque estas líneas no
son frutos de chismes vecinales o bretes en las reuniones de la CTC para optar
por un televisor Caribe, el origen de aquella riña entre bambalinas venía de
solo un poquito atrás. ¡Ohhhhh, sí! Debo contarles quien fue la “leyenda” para
que me comprendan. Pues se trató de un buen amigo al que no me unieron
estrechos lazos de amistad. Sin embargo, disfrutamos como nadie cada encuentro
en mis regresos de viajes. Él fue algo así como mi “concuño” y disculpen no me
extienda mucho porque ambos han pasado a mejor vida. La leyenda poseía un carácter
jovial espectacular, siempre andaba bromeando y nunca le falto una sonrisa a su
rostro, imagen suya muy bien recibida en una casa -por no decir albergue- donde
nos hacinábamos 21 personas. Andaría muy enamorado en aquellos tiempos, cuando
sus visitas a aquella especie de corral eran muy frecuentes. Llegaba conduciendo
una moto con sidecar, no recuerdo ahora si era de marca MZ o aquellas
monstruosas Urales soviéticas. Nunca rechazó un trago o cerveza y bebía como un
camello, luego partía tan sobrio como había arribado, poseía excelente cultura alcohólica.
Entre tragos, la “leyenda” siempre me ponía al
corriente de chismes muy secretos para la población, digamos que compartía conmigo
cierta información confidencial de donde no escapaban artistas o dirigentes. ¡Claro
que eran noticias de primera mano! La “leyenda” trabajaba como fotógrafo de la
revista Bohemia y sentimos muchísimo su muerte repentina producida por un
infarto masivo, al menos, eso nos contó su prometida.
-Ni te imaginas la clase de bateo que se formo anoche
en el Karl Marx cuando los premios “Girasol”, ¿no los viste por televisión? Me
preguntó Gaspar esa tarde, porque ese era su nombre, tal vez al final escriba
su apellido.
-¡Si lo vi, mas de lo mismo! Pero no televisaron ningún
bateo durante el evento.
-Porque el bateo fue detrás de bambalinas. ¿Cómo crees
que te lo van a televisar en vivo y directo en un pais donde toda la programación
es diferida, casi nada se transmite en vivo?
-Entonces, ¿nada de lo sucedido trascendió al público
presente en el teatro?
-¡Oye, cuando yo te traigo alguna noticia considérate
un privilegiado! ¿Viste el programa de los premios anoche?
-Ya te dije que sí, sumamente aburrido.
-¿Viste la parte donde la señora que antes del 59
hacia los comerciales del jabón “Rina” dijo que, el tipo a quien después se le perdió
un Unicornio, no asistía a la ceremonia por encontrarse indispuesto?
-¡Coño, si vi esa parte! Pero todo quedó ahí, no hubo
ese bateo que mencionas.
-¡Frío, Frío, Frío! ¿No
viste que al ratico llegó el tipo justificando su demora? Que si andaba por África
buscando al animalito, que si estaba trabajando en los Estudios Egrem grabando
un disco, que si estaba cortando caña en el Pico Turquino con la Brigada
Venceremos, etc. Bueno, ya sabes como son estas gentes a la hora de las
justificaciones. ¡Eso, sí! Al menos dime, ¿te diste cuenta de que aquellas
palabras las expresó algo enojado? Porque si no observaste este detalle, recojo
el violín y no toco, no me gusta estar perdiendo el tiempo con brutos.
-¡Coño, tampoco te mandes! Yo no soy tan bruto. ¡Acaba
de soltarlo todo y deja los comerciales! ¿Cuál es la razón que provocó esa tensión
entre dos bolas rojas?
-Ya te dije que viene de un poquito mas atrás. Tú
sabes que la señora del jabón “Rina”, es la mamá del tipo que constantemente te
está pidiendo que te acuerdes de Abril, coño, como si el año no tuviera doce
meses.
-Eso lo sabe todo el mundo, ¿y?
-Pues debes imaginar que el tipo del mes de Abril
tiene un grupo musical.
-No me explico la necesidad, solo ha tenido esa canción
con algo de aceptación, ni tiene voz y le sobra vibrato, bueno, también le
sobra algo de quijá. Entonces, ¿el bateo vino por su grupo musical y el
Girasol?
-Bueno, vino por el grupo, pero nada que ver con los
premios.
-¿Entonces?
-¡Sírveme un trago, coño! Te cuento que, en una de
esas, el tipo del mes de Abril, lo invita a una descarguita que iba a celebrar
en su casa para despedir a uno de sus músicos que se iba pal yuma. El tipo
guarda muy bien a su Unicornio por miedo a que se lo roben y jamen y parte al
festejo en casa de Abril. Gaspar hace una pausa para ir al baño y cuando
regresa se da un trago antes de continuar su relato.
-Asere, me tienes nervioso, acaba de soltarlo todo.
Se sentó tratando de esquivar la punta de un muelle que sobresalía del butacón
y respiró profundamente.
-¿Cómo coño se te ocurre invitarme a esta pajarería? Me
dijeron que utilizó palabras mas obscenas que esas, bueno, las que usamos
normalmente los cubanos en una bronca. ¿Qué te cuento? Me dijo quién me lo contó,
que el reguero de plumas obstruía la vista en aquella sala. ¡Dime tú! Te pones
a estudiar la situación con calma y el del Unicornio tiene sus razones, era, lo
es, un furibundo comunista y cómplice del régimen. ¿Imagínate un chivatazo de pajarería
al nivel en que se movía el cuadrúpedo? Lo crucifican, le quitan la casita, el
carro, no lo dejan grabar ni la calabacita. ¡Tú sabes cómo funciona eso allá!
-¡Perfecto! ¿Cuál es la relación del plumerío con el
bateo del Girasol?
-¡Mira, muchacho! Parece que él interpretó las
palabras de la mujer del jabón Rina como una venganza y en un intermedio, el
del caballito cruzado con rinoceronte se le coló en el camerino. ¿Pa'qué fue
aquello? Ahí si estaba yo, nadie me lo contó.
-¡Coño, Gaspar, desembucha! Me tienes caliente.
-¿Qué te cuento? ¡Mira, muchacho! Hasta alma mía le
dijo a la mujer del jabón Rina. ¡A mí no me hace falta el premio Girasol para
ser quien soy! Si tú quieres, yo se lo dono a la pájara de tu hijo, eso y mucho
más. Tampoco creas que la mujer del jabón era jamoncito, se le encaró muy bien
y lo puso como un trapo… ¡Oye, me tengo que ir! Debo cubrir una asamblea de rendición
de cuentas en el matadero del Lawton, ya sabes, sobra la carne. Gaspar Sardiñas
se despidió de nosotros y creo que fue la última vez que compartí con él,
cuando regresé del próximo viaje me enteré de su repentina muerte, le dio un
infarto fulminante. Era un buen hombre y todos sentimos su muerte. Partió mas
tarde la mujer del jabón Rina y al final del cuento el del mes de Abril es medio
amiguito de quien perdió el Unicornio. Ya no lo pueden ofender porque la pajarería
esta autorizada en la isla, no pudieron mantener oculto a tantas a aves que
pertenecen al Comité Central.
Es un deber comenzar cualquier trabajo referente al
pueblo venezolano, agradeciendo todas las muestras de valentía trasmitidas
durante estos años. Enseñanzas que no acabamos de comprender, estudiar, imitar,
aplaudir, etc., nos hemos limitado a virar cobardemente el rostro, los hemos
abandonado a su suerte como hicieron con nosotros. No me refiero a otra gente
que no sea la nuestra, poco me importa los que viven más allá de nuestras
fronteras y se comportan como cómplices de las desgracias sufridas por ese valiente
pueblo. Por nuestra parte y considerando sobrevivan seres con dignidad y vergüenza,
creo que estamos obligados a pedirle disculpas a ese pueblo por todo el daño
que les ha causado nuestra gente, que es mucho.
El drama venezolano es mucho mas complicado de lo que
pensamos, no se limita solamente al robo descarado de estas elecciones, que no
es la primera vez. Deberíamos retroceder a los inicios y hurgar en la historia
desde la llegada de Chávez al poder -por obra y gracia- de un pueblo sordo que
no atendió a las experiencias de otros pueblos. Aquellas ilusiones y sueños han
desembocado en una trágica e insoportable pesadilla de la que el mismo pueblo
quiere despojarse, pero no será fácil.
Aquellos supuestos vendedores de esperanzas llamados “revolucionarios”
mutaron rápidamente en crueles depredadores y narcotraficantes que increíblemente
mantienen secuestrado a todo un pueblo. Es increíble, tal como ha sucedido en
Cuba y Nicaragua -por solo citar dos ejemplos- como una reducida camarilla de
delincuentes son capaces de comprar y sobornar almas, convirtiendo a hermanos
en represores y asesinos de sus hermanos. Eso no es lo peor, mas indecente es
ver como “supuestos” hermanitos de la región han elegido formar filas del lado
del crimen, y cuando menos, cierran los ojos o se hacen los desentendidos a
cambio de varios litros de petróleo, maletines cargados de dinero o participación
en el negocio de la droga.
De esa complicidad tenemos muy buena experiencia los
cubanos -no todos- solo los que hemos sufrido prisiones, destierros,
discriminaciones, represión, por solo hablar o pensar diferente, etc. Venezuela
recorre el mismo camino que les advertimos no eligieran, pero esa no es razón para
dejarlos abandonados en estos momentos. Vergonzoso e hipócrita han sido muchas
manifestaciones a deshoras, cuando el comportamiento mantenido durante años con
esa dictadura ha sido complaciente. No hay que ser muy inteligente para saber
que me refiero al gobierno norteamericano, unas veces soltando a testaferros
delincuentes reclamados por la dictadura, otras levantando sanciones para ser
burlados y luego tratar de calmar los ánimos con esas declaraciones
mencionadas. Para nadie es un secreto la hipocresía y complicidad de los
presidentes de México, Brasil y Colombia, quienes han elegido distraer al mundo
con roles que no se ajustan al carácter delincuencial que los envuelven. Para
culminar esas desagradables menciones, solo deseo destacar la vomitiva y repulsiva
participación de un expresidente español. ¿Cómo es posible que un político se
dedique a asesorar a asesinos integrantes del Cartel de los Soles? La historia
de corrupción entre ellos es muy antigua y larga, pero la de Zapatero es
despreciable.
Sería infantil pensar que aun con todas las presiones
del mundo Nicolás Maduro entregará el poder por las buenas. ¿No tiene un alto
precio su cabeza? ¿No tienen precios las cabezas de Diosdado Cabello, Padrino,
Jorge Rodríguez, Amoroso, Delcy Rodríguez, Tarek, etc.? Si a Maduro se le
ocurriera negociar para entregar su cargo, sería asesinado con toda razón por
uno de los suyos y así continuaríamos hasta el final para convertir ese caso en
un círculo vicioso, porque esas son las reglas del juego de cualquier mafia.
Solo existen tres posibilidades lógicas de acuerdo
con mi modesto punto de vista; a) Que el ejército decida ponerse de parte del
pueblo. b) Que toda la camarilla decida abandonar Venezuela al mismo tiempo. c)
Que ese final sea decidido desde el exterior con una invasión. (Posibilidad muy
remota ante el nivel de complicidad internacional, toma de los organismos
internacionales por individuos izquierdistas o comunistas, etc.)
La suerte esta echada y ese pueblo ya está agotado de
tantos sacrificios y penas a los que ha sido sometido. Gracias a Dios cuentan
con una líder muy valiente que inspira confianza y deseos de seguirla “hasta el
final”. ¡Ojalá, María Corina Machado, hubiera nacido en Cuba!
...Si durante el día las pinturas me ayudaron a evadir
el duro trabajo del campamento, en las noches nunca pude eludir las guardias,
estas siempre fueron las peores: de diez a doce de la noche y de cuatro a seis
de la mañana, por lo que solo podía dormir cuatro horas esas noches. Esta
guardia era en la posta uno, situada a la entrada principal de la unidad y
estaba compuesta por dos reclutas.
“Cabañita”, un soldadito que parecía casi un niño, me
acompañaba en la posta. Sus actitudes eran muy infantiles, algo que me
entretenía con sus ocurrencias. En las pocas ocasiones que tuvimos guardias de
día, se dedicaba a buscar nidos de pájaros, o lanzarles precisos proyectiles a
las palomas rabiches con un tirapiedras, como cuando vivía en la finca de sus
padres.
En una de aquellas madrugadas, y al comienzo de la
guardia me dice que le guarde el fusil porque él tiene que ir al monte por una
necesidad fisiológica urgente. Le dije que no había problemas, que yo lo
cubriría. Después de un tiempo sin señales suyas empecé a preocuparme por su
ausencia, ya que había pasado más de una hora y no aparecía. Hasta que siento
un ruido atronador que venía por el camino que conducía al mar. Era Cabañita
montando a caballo, a pelo y a todo galope. Lo detuve de inmediato y lo increpé
molesto:
-¡Tú estás loco, si te cogen en esa gracia te mandan
preso para la cabaña!
Ante lo sorprendente del hecho, le pregunté de donde
había sacado aquel caballo. Él me conto que los campesinos de la Granja del
Pueblo (Menelao Mora), ubicada frente a nuestra unidad, pidieron permiso para
guardar sus caballos en nuestro campamento, porque creían que estarían más
seguros, ya que se había reportado algunos robos de caballos en la zona.
Cabañita, en las noches de guardia se perdía montando
a caballo, con un solo saco de yute por montura y una soga por freno. Yo lo
cuidaba como un padre, y disfrutaba verlo galopar con aquel aire de libertad
que se reflejaba en su rostro.
Unos días más tarde, en uno de sus trotes nocturnos
lo detuve para decirle que estaba exagerando en su diversión, que ya no estaba
ni un segundo en la posta, y que yo también quería montar a caballo. Decidimos
repartir el tiempo entre los dos: cuando uno montaba a caballo, el otro cuidaba
el fusil y estaba alerta por si alguien aparecía.
La primera vez que corrí con aquel potro estaba la
luna llena y se veía casi como si fuera de día. Una euforia vital recorría mi
cuerpo; el movimiento ondulante al galope, ascendiendo y descendiendo por el
sendero, me hacía sentir como un niño en un carrusel.
Despues de cabalgar una hora cada uno en las noches
de guardia, decidimos, por un tiempo, tomarles dos caballos a los campesinos, y
hacer carreras para ver quien llegaba primero. Con la diversión se nos olvidaba
la verdadera función que se nos había encomendado, la cual era proteger la entrada
de aquel infierno, pero, realmente, ¿a quién le importaba cuidar un lugar donde
te hacían trabajar como bestias? Mejor era disfrutar con esos animales que nos
hacían sentir que estábamos vivos y que por esas dos horas, éramos libres como
esos corceles cundo corrían desbocados por el terraplén.
Casi al finalizar nuestro turno de guardia, la de
cuatro a seis de la mañana, venían los campesinos de la granja a recoger a sus
caballos para la labor diaria, todos los días nos hacían la misma pregunta:
-Compay, ¿Por qué los caballos están sudao?
A lo que siempre respondíamos:
-Compañero, ¿usted sabe la clase calor que está
haciendo en estos días?...
… Hoy siento yo bastante vergüenza por no haber hecho
estas reflexiones mucho antes, pero, aunque no sea una excusa, bien me acuerdo
de lo difícil que fue eso para mí. Admito mi grado de culpabilidad, y a estas alturas
considero que, por mas que me condene, nunca será suficiente. No es que trate
de buscarme excusas, pero mi fe en Fidel era tan ciega que, aun después de mi
toma de conciencia, en sueños seguía creyendo en él. Fue muy duro para mí
admitir que, después de que Fidel nos hiciera creer en cosas tan hermosas como
lo justo de haber hecho la Revolución, el propio Fidel cayera en actos tan
despreciables.
Lo que sí verdaderamente me duele es haber sido parte
del atropello al que se ha sometido al pueblo cubano, y por eso hoy me siento
totalmente arrepentido de haber seguido a un hombre de las ideas de Fidel…
Dariel
Alarcón Ramírez.
(Benigno)
He preferido comenzar la presentación de este libro
con estas interesantes notas dejadas por su autor, “Benigno”, excombatiente de
la guerrilla del Che en Bolivia y uno de los poquísimos sobrevivientes. No cabe
la menor duda de que el contenido se trata de un “Mea Culpa” donde, además de
expresar su arrepentimiento, expone toda una relación de acontecimientos que
forman parte de la desdichada historia de Cuba. Eventos unas veces conocidos por
el pueblo y otros sospechados cuando no eran de dominio público.
Después de sacar a la luz esa parte oscura del
corazón parido por una era, tiempo de traiciones, ejecuciones, despilfarros,
exportación de ideas suicidas, ruinas, odios, miserias humanas, represiones,
fanatismos abrazados a lealtades, destrucción moral de todo un pueblo. Aun al
amparo de todas esas fatalidades hoy históricas, no existe un solo párrafo
donde se mencione el carácter asesino y embajador del odio que fue Ernesto
Guevara de la Serna (Alias el Che) por parte de este fiel admirador y seguidor.
Le rinde honores a lo largo de este testimonio, y no solo ofrece constantes
muestras de pleitesía al argentino, lo hace también con otros individuos cuyas
manos no pudieron lavar la sangre por ellos provocadas en diferentes tierras,
comenzando por la nuestra.
No pienso extenderme y será mejor que ustedes lleguen
solos a sus propias conclusiones. Una vez recomendé un libro titulado: “Manual
del perfecto idiota latinoamericano” Un ensayo escrito por Plinio Apuleyo
Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa, publicado en 1996. Sin
embargo, como ha podido comprobarse, los resultados han sido catastróficos. El “idiota”
obtuvo un título Honoris Causa que llevó al poder a otros imbéciles que muy
bien los representa en este hemisferio y luego cruzó el Océano Atlántico.
Algo de mucho valor que nos regala Benigno en estas
mordidas a su conciencia lo es, exponer ante la mirada lerda de la bestia que
comparte esta parte de la tierra, cómo es que su admirado “Castro”, actúa para
destruir a todos los movimientos guerrilleros que intentaron seguir el ejemplo
de Cuba. Páginas de interés especial para todos esos cómplices mexicanos,
bolivianos, venezolanos, nicas, etc., que, nunca escucharon las voces del
pueblo cubano y con su complicidad han ayudado a asfixiarlo. La traición de la
que fuera víctima coronel dominicano Francisco Alberto Caamaño Deñó, cuenta a
partir de este testimonio con una versión mas acercada a la realidad. Encontrarán,
justo para complacer a unos cuantos
millones de contagiados con esas macabras ideas “revolucionarias”, los pasos
orientados por su demente guía espiritual o faraón cubano, buscando dar golpes
de estados en diferentes países latinoamericanos. Dando origen a las campañas
de desestabilización regidas hoy por el Foro de Sao Pablo, comandadas por narco
gobernantes.
Por el camino ya habían quedado varios protagonistas
importantes de la “revolución cubana” (con minúscula), Camilo primero y luego
su admirado Che Guevara entre tantos, unas veces mencionados y otras no mucho.
Mas tarde ese martirologio se vería aumentado con el apetito voraz de un
individuo enajenado por su ego. Traiciones que no sentirían compasión por la
vida de hombres que se dedicaron, como Benigno, a cumplir órdenes de su amado líder,
basta mencionar a Ochoa, De la Guardia, Amado Padrón, José Abrahantes, etc.
Benigno destapa muchas páginas ignoradas por el pueblo
cubano y entre las mas importantes se destacan, las dedicadas a la corrupción reinante
con un descontrol económico total. Como lo fueron las correspondientes al
Departamento América del ICAP, dirigida largo tiempo por Manuel Piñeiro Losada,
el legendario Comandante Barbarroja (prototipo cubano de lo que fuera Joseph
Fouché, el genio tenebroso de Francia) El guerrillero se encarga se encarga de
sacar a la luz todo ese teje-maneje de grandes cantidades de dólares que, muchas
veces fueran aportadas inclusive por movimientos izquierdistas del continente
y, se desviaron en el trayecto hacia cuentas privadas de dirigentes cubanos.
Es mucho el contenido de este “Mea Culpa” escrito por
un hombre que una vez, quizás tardíamente, descubrió haber sido traicionado.
Sin embargo, no oculta su admiración por otros seres a los que considera personas
de “honor” que ya no existen y, partieron sin tiempo a lavarse las manos embarradas
de sangre o, cuando menos, parte de sus vidas se dedicaron a la complicidad y operación
de una maquinaria destructora de hombres, pueblos, países, etc. Se arrepiente
de haber participado en una revolución y desea hacer otra revolución, puede
resultar un poco incomprendido o es emboscado por su delirio premortal, creyendo
tal vez que su revolución mental se mantendría inmune a la corrupción y los crímenes
existentes en las historias de esa ideología.
…Lo que sí verdaderamente me duele es haber sido
parte del atropello al que se ha sometido al pueblo cubano, y por eso hoy me
siento totalmente arrepentido de haber seguido a un hombre de las ideas de
Fidel…
Yo lo comprendo, todo ser humano tiene derecho a
equivocarse y luego reconocerlo, tiene derecho al perdón. No creo que le resultaría
muy difícil obtenerlo en estos tiempos, el actual Papa Francisco puede darle el
pasaporte y visa para entrar al otro cielo, al creado para descanso y festines donde
agrupen toda esa gente que admiró en vida. Yo no
poseo esos poderes, carezco de esa piedad necesaria para aliviar su dolor. Aún
padezco los dolores sentidos por ese pueblo que fuera atropellado con su “revolucionaria”
colaboración. Pueblo vejado, explotado, asesinado, humillado, hambreado,
privado de su tierra y conducido como ovejas al estado de miseria actual. No
quisiera extenderme más, el camino al perdón debe cumplir ciertos trámites
migratorios, yo le exigiría responder un complejo cuestionario. El punto Nr.1 que
le solicitaría, sería la presentación de un inventario con sus muertos en Cuba,
África y Bolivia. Aun así, recomiendo encarecidamente la lectura de estos
descargos de conciencia o Mea Culpa de un hombre que dejó de vivir un tiempo.
Somos
una isla del Caribe bloqueada por una superpotencia, eso nos dicen desde que
abrimos los ojos y es el motivo de nuestro primer llanto, es innecesaria aquella
nalgadita usada para despertarnos, ya nacemos asustados. Saber que nos han
parido en un país bloqueado nos hace gritar con mucha fuerza, la que ustedes no
imaginan. Aquella despiadada situación impactó en la vida cotidiana de sus pobladores
y fue así como un día, todas las posadas de esa minúscula isla amanecieron
rodeadas de barcos, portaviones, tanques de guerras, cañones y una larga
barricada integrada por batallones de hombres armados hasta los dientes. Su principal
misión era impedir a toda costa que aquellos subdesarrollados y enfermizos nativos,
hicieran “eso” que consume tantas neuronas y energías.
Bueno,
debo detenerme para explicarles qué rayos era “eso” que aquellos invasores no querían
que nosotros hiciéramos. Disculpen que regrese a un pasado algo lejano, resulta
que una vez, siendo un niño sin maldad alguna, estaba en casa de mi abuelita
viendo una película junto a mi primo Enrique por televisión
y en una de esas oportunidades que la viejita llegó a la sala con algo de
merienda, le llamó la atención que estuviéramos tan tranquilos. ¡Uffff! Entonces
ella miró hacia la pantalla y vio a dos protagonistas de la película dándose un
ardiente y amoroso beso. Mi abuela con mucha calma apagó el televisor y nos
dijo; ¡Ustedes están muy pequeños para ver esas “cochinadas”! No sé si hasta aquí
me comprendan, lo que quiero decir es que la gente iba a las posadas para hacer
sus “cochinadas”. ¡Claro! De acuerdo con el criterio de mi santa e inmaculada abuela.
¡Que Dios la tenga en el cielo por lo buena y pura que era!
Las
Posadas, se le llama así en Cuba a lo que en otros países se conoce como
Moteles, en Chile se le llama Residencial, no sé si será lo mismo que el Hostal
de España, etc. Lo cierto es que en Canadá y muchos otros países, estos Moteles
se utilizan por el viajero para descansar cuando realizan largas travesías por
carretera, incluso, muchos pasan el día con su familia en estos sitios con mucha
naturalidad. ¡Debe ser así! No sé por cuál razón en Cuba, cuando se iba a una
posada, tenía que ser exclusivamente para hacer esas cochinadas. Yo recuerdo
que cuando no tenían tanta demanda y era más o menos fácil
llegar a ellas, se hacía con la mayor discreción del mundo. Existieron mujeres
que cuando salían en auto de esos sitios se cubrían el rostro con un periódico
o un pañuelo, no deseaban que las identificaran. ¡Claro, tampoco somos tontos! Es
muy seguro que estuvieran haciendo cochinadas ilegales. Bueno para el que no
entienda, seguro le estaban pegando los tarros a su pareja.
¡Que
mala se puso la cosa con esto del bloqueo! Parece que los empleados
fueron captados por la CIA y te ponían todo tipo de obstáculos para que no
pudieras acceder a ellas. Convertidos en enemigos del pueblo al servicio del imperialismo,
se robaron las sábanas, toallas, fundas, almohadas, colchones, jaboncitos, ventiladores,
teléfonos, vasos, ceniceros, bombillos y en algunas posadas hasta las propias
camas. Estos enemigos del proletariado no permitieron tampoco la entrada de
albañiles, electricistas, plomeros, ni carpinteros para realizar reparaciones. Fue
así como al cabo de poco tiempo, las posadas se iban destruyendo y también desapareciendo
de nuestra escenografía como lo hicieran aquellos Mar-Init y los Fruticuba
orgullos de la revolución. Fueron muchas las víctimas caídas
en aquellos despiadados combates y se producen los primeros mártires en esta cruenta
batalla. Cayeron heroicamente las posadas de Santa Catalina y Vento, El Two
Brothers del puerto, La Campiña, Terminal de Trenes, Los Chinos de Santiago de
Cuba, El Mirador del Puerto y muchas otras infelices que, serán recordadas por
la labor humanitaria desarrollada en nuestra isla. Estos señores imperialistas
no saben cuántos óvulos fueron fecundados bajo sus techos. Bueno, lograr entrar
a ellas no era fácil, fuera de ellas podía observarse largas colas de individuos
desesperados por hacer cochinadas. Aquellas largas y angustiosas colas podían
tomar horas y horas bajo un sol implacable o expuestos al frio, la lluvia, el
hambre, la burla de transeúntes. Solo en ellas se transformaba el placer en martirio
y sufrimientos, se te quitaban los deseos de hacer aquello. Te marchabas con
una pesada carga de frustraciones, resentimientos y los testículos repletos de
amarguras. Situación que, sufrida continuamente, podía romper aquella teoría expresada
por el digno espía Felaifel. Dijo una vez el chivatiente; “Un comunista no se corrompía
en ningún medio ambiente”. Se quedó algo corto en su definición, le faltó
incluir a las posadas. Aquellos reducidos espacios podían transformar a un pacífico
hombre en violento, al ateo en cristiano o al más comunista de ellos en gusano.
Al
principio, aquellas infinitas y desesperantes colas se hacían con una discreción
digna de admiración y respeto. Les contaba que a las muchachas les daba pena
que otras personas la vieran saliendo de esos templos, poco a poco esta vergüenza
iba desapareciendo fruto de la coincidencia. Fueron tantas las veces
que la gente se encontraba en esos lugares con las mismas personas, que al
final se entablaba una amistad inspirada en los mismos sufrimientos y esos
sentimientos de solidaridad humana que nunca nos abandona. Las costumbres fueron
cambiando y al cabo del tiempo la gente conversaba animadamente. Uno que otro
llevaba una botellita de ron o aguardiente, un juego de cubiletes, unas barajas
viejas y gastadas, finalmente se pasaba el tiempo en franca armonía. Las damas
se ponían a chismear y alguna que no era muy social se entretenía en leer o tejiendo
un par de medias con hilo de coser. Así se pasaban las tres, cuatro y más horas
de espera. Eras un afortunado cuando te tocaba el turno para entrar al matadero
y partías sonriente en medio de las despedidas a la gente que dejabas atrás.
Si
era la primera vez que entrabas con esa chica, tenías que darte cierto aire de cabrón,
debías demostrarle que eras graduado en la universidad de la calle y te la sabías
todas. Antes
de comenzar a sufrir cualquier tipo de calenturas, se imponía la obligación de
revisar todo el territorio enemigo. No podía escapar un solo centímetro a la
rigurosa inspección ocular de toda la habitación, primero con las luces
encendidas y luego con ellas apagadas. Era necesario descubrir dónde el enemigo
había practicado un hueco, se necesita un poco de aire detectivesco y aun así, después
de chequear puertas y ventanas, nunca confiarse si de casualidad se disponía de
un espejo en el cuarto o el baño. Absolutamente todos los espacios debían
observarse desde distintos ángulos, luego y con aire victorioso, le mostrabas a
tu hembra el orificio descubierto y la autorizabas a desnudarse.
Para
disfrutar de esos menesteres tan cochinos según la escala de calificaciones de
mi abuela, se requiere tener cierto sentido de lo que es la supervivencia y en
este punto los marinos superamos al hombre común. Hay que planificar la escasa
cuota de agua asignada para esa batalla, tener muy claro que una botellita de agua
no alcanza para todas las cochinadas. Razón por la que se debe reservar para la
batalla final, los expertos han arribado a la conclusión de que, el pueblo
cubano de esos tiempos aprendió muy rápido a sobrevivir. En realidad, la gente aprendió
tanto, que cuando se presentaban todos los factores imprescindibles para acudir
a uno de aquellos mataderos, hablemos de dinero, la jeva, calzoncillos sanos y
que ella no se encontrara transitando por sus mensualidades, se preparaban como
si fueran a partir para la guerra. Muchos fueron los que llevaron agua, ron,
cigarros, algo de comer y muchas veces la sábana.
Esas
cochinadas podían muy bien representar la pérdida de peso debido al calor
reinante en aquella isla y después de la primera vez, tumbados y casi asfixiados
sobre aquello que llamaban cama, se disfrutaba de un bello espectáculo o exposición
de pintura abstracta. El techo -ante la carencia de cualquier medio de
entretenimiento- se mostraba como un mural de bellas artes que podía extenderse
por las paredes. Sobraban aquellos carteles que competían con las pinturas
prehistóricas descubiertas en cuevas o las mismas que se observaban en Nazca,
solo que estas obras de arte criollo eran abundantes en faltas de ortografía y
palabras obscenas. Nacía de esa manera una nueva manifestación del arte cochino
correspondiente a los jóvenes que, un tiempo más tarde, se desplazaría por todo
el país con aquellas pesadas bicicletas chinas con tremenda hambre. Aquel arte
fue condenado a desaparecer un poco más tarde por la escasez de fósforos, debe
reconocerse el ingenio y la creatividad de aquellos artistas anónimos, quienes
sean probablemente los padres o abuelos de esos excelentes compositores y
cantantes de reguetón actuales. Aquellas exposiciones mostradas en las posadas
cubanas solo exigían un poco de imaginación, eran más fáciles de comprender que
a cualquiera de los artistas mostrados en el Palacio de Bellas Artes. Ellos
eran artistas nuestros que se inspiraron mientras enfrentaban esa cruel guerra
anunciada y dedicaban unos minutos de su tiempo libre entre cochinadas. Realizaron
sus promociones tal y como lo hiciera el CHORI por toda la ciudad, en cualquier
posada podías encontrar carteles muy interesantes, aún recuerdo algunos de
ellos que decían más o menos así: “Aquí estubo María Vollo de Palo”, “Tere la deboradora
de Jesús María”, “Aquí durmió Pepe Manguera”, etc.
Puede
que estuvieras disfrutando de un pequeño descanso o cargando las baterías para
otro capítulo, cuando tu repentino sueño es interrumpido por los desesperados gritos
de una dama que supones estén asesinando. Aquellos angustiosos gritos pueden
ser sustituidos por los de una mujer muy exigente o ambiciosa, ella pide a viva
voz que se la den toda. Hay otras que se acuerdan mucho de su mamá en ese
preciso momento y sus gritos van cargados de amor por su progenitora; “Ay mamacita,
ay mamacita”. Despiertas y deseas acudir en su ayuda, pero pronto recuerdas que
es parte de lo que decía mi abuela.
Yo
tenía un socio que vivía al lado de la posada Hotel Venus y el hombre estaba
trabajando conmigo en las microbrigadas de Alamar, todos los días llegaba
destruido a la brigada. Como él estaba recién
casado, le aconsejé que tomara las cosas con calma. Me respondió que no podía
evitarlo porque cuando se acostaba a dormir, sentía los gemidos de las mujeres
en la posada vecina y esto lo excitaba mucho.
Me
contó que un día, serían las doce de la noche, una mujer gritaba desesperadamente;
¡Ay papito, dámela!, ¡dámela, papito!, ¡coño, dámela! y así, continuó mientras subía
el volumen de su voz. Él, enloquecido también por aquellos gritos, se asomó por
la ventana y gritó:
-¡Acaba
de dársela, hijo de puta! ¡A ver si esa cabrona nos deja dormir! Los demás
vecinos que estaban pendientes de aquel palo se rieron con ganas y comenzaron a
vociferar insultos, pero de la posada no respondieron.
El
bloqueo era más intenso, cada vez quedaban menos posadas sobrevivientes de aquella
guerra y la población había crecido, como crecían también sus deseos por hacer el
amor o tener sexo, que se escucha más correcto. Las colas eran numerosas y
largas, como infructuosas las esperas y un día de esos en que no adiviné nada, decidí
abandonar la pelea. Recuerdo que cuando iba en la guagua tenía un libro en las
manos y al leer su título nació una alocada idea, se titulaba "El llamado
de la selva". ¿Selva, selva? ¡Coño, que en Cuba no hay selvas! Inmediatamente
me acordé de que había un bosque, el bosque de La Habana. Muy excitado me bajé
de aquella guagua para hacer combinación con otra. Que desilusión cuando
llegamos, había un carro policía y una ambulancia, estaban cargando a una
pareja. Ya me hacia la idea de que era Tarzán y llevaba a mi Juana de rama en
rama, pero la cosa estaba mala allí también, regresé sobre mis pasos.
Ya
me había encaprichado con aquella chamaca y me dirigí al malecón. Decían que
era zona de tolerancia, no sabía que hacer el amor se llamaba también así. Caminé
muchas cuadras, ¿quién hace esto cuando los autos pasan? Encontré un lugar
donde la luz no me molestaba, quedaba detrás del Castillo de La Punta, solo que
aquel lugar estaba lleno de gente desesperada como yo. No me quedó más remedio
que renunciar, eran las seis de la mañana y ambos teníamos que estudiar. Años más
tarde y como venganza por todas aquellas frustraciones, cada vez que entraba o
salía del puerto de La Habana, alumbraba con una potente lámpara Aldis a las
infelices parejas que acudían a ese mismo sitio para aliviar sus penas. No se
imaginan ustedes las veces que me mentaron la madre aquellos cabrones por
pasmarles el palo.
Después
de esas situaciones que hoy recuerdo, la gente perdió mucho más la vergüenza y
en esta nueva corriente yo me dejé arrastrar. Comenzó a ser normal hacer el
amor donde quiera, no importaba si era en una guagua de viaje interprovincial.
Si vas en tren es un poco más difícil porque te pueden robar el equipaje, pero
si tienes a alguien que te lo cuide, sale con la chica a fumarte un cigarro
entre los dos coches y déjate llevar por los baches de la línea, verás como te
hacen gozar. No les hablo de los aviones por falta de experiencia, ni del cosmos
donde debe ser muy especial hacerlo en estado de ingravidez. En barco tiene sus
encantos cuando este comienza a cabecear, debe ser buen tratamiento para los
que padezcan de eyaculación precoz, los sustos que se sufren te provocan cierta
demora.
Esta
horrible situación ha repercutido en el comportamiento del cubano ante la
sociedad y su propia familia. Para comprender a cada generación se debe
estudiar todos los sacrificios y sufrimientos a las que han sido expuestas. ¡No
es para menos! Aquella generación que disfrutó de las posadas sin necesidad de
hacer colas y cuando ellas disponían de teléfonos, radios, aire acondicionado o
ventiladores, servicio de bebidas a las habitaciones, agua en las duchas,
sabanas y toallas limpias, etc. Fue la puta y mal concebida generación, cuyos
óvulos fueran fecundados en la paz reinante en esos lugares y luego, luego, los
muy hijoputas se pusieron a caminar como comemierdas 62 kilómetros, colocaron
chapitas en las puertas de sus casas que decían: “Esta es tu casa, Fidel” y
gritaron ¡Paredón, Paredón, Paredón! ¿Armas para qué? ¡Dona dinero para comprar
armas y aviones! No conformes aquellos grandísimos degenerados, les impusieron
a sus hijos, muchos de ellos concebidos en aquellas posadas donde comenzaron a
realizarse colas, todas aquellas malolientes ideas revolucionarias.
Es
como si en aquellos locales, cada día más depauperados, carentes de productos
para ofrecer al público, brillantes por su mal servicio, antihigiénicos y
guaridas de ladrones, existiera un terrible virus que contagiaba a cada óvulo
fecundado en sus colchones o volviera hijo de puta a millones de
espermatozoides a la vez. De allí partieron miles de comemierdas a subir 5
veces el Pico Turquino sin preguntar para que servía aquella berracada,
alfabetizaron, cortaron caña, recogieron café, fueron a combatir en Girón y
estuvieron a punto de morir por la Crisis de los Misiles. Les prohibieron la
pajarería y los más rebeldes fueron a parar en las célebres UMAP, muchos de
ellos se vieron obligados a aparentar que eran hombres y se casaron, no solo
eso, llegaron a tener hijos, muchos de ellos concebidos en esas sucias posadas.
La historia de esa desgraciada generación se extiende hasta hoy, aquellos que
sobrevivieron a todas las aventuras guerreristas de su jefe, hoy se están
comiendo un cable. ¡Oh! Continúan colgándose en el pecho aquellas medallitas de
aluminio y siguen siendo chivatos. Con ellos desaparecieron las posadas y no
contaron con un lugar decente donde hacer el amor, vivieron y viven
desorientados preguntándose constantemente; ¿Dónde haremos el amor? Las
respuestas no dejan de ser las mismas desde hace décadas: ¡Harás el amor en la
casa que fue de tus abuelos! ¡Harás el amor en los mismos colchones donde
concibieron a tus padres y ellos a ti! ¡Harás el amor donde sea posible! Tus
hijos nacerán maldecidos y resultará muy molesto soportar sus llantos cuando
nacen. Ellos llegan a este mundo sabiendo las dificultades que enfrentarán, los
espermatozoides de sus padres vivieron sobresaltados dentro de unos testículos
que viajaron cientos de kilómetros subiendo y bajando en una bicicleta china.
Hoy,
nadie nos comprende, no nos comprendemos nosotros mismos, no sabemos qué rayos
somos ni a cuál especie pertenecemos. Le hemos roto todas las computadoras a
Darwin y a la NASA, no puede aceptarse como humano a quien escapa de su jaula y
desde su libertad defiende al verdugo que marcó su espalda con un látigo. No
califica como pueblo el hambriento que le hace un nudo a su estómago y sale a
desfilar en una plaza a favor de quien planifica su inanición. No es racional
el individuo que anda casi descalzo y te pide tenis NIKE. No es normal que con
tanta hambre padecida se le pare el pito a cierta especie y en lugar de
averiguar dónde comer, te pregunte dónde coño hacer el amor. ¡Que se jodan! Es
la primera y única maldición que acude a tu mente. ¡Que no coman y marchen! Si
no tienes valor para desafiar estas horribles situaciones, entonces, mi
hermano, no te queda más remedio que cantar “La Internacional” por pendejo. ¡Dichoso
al que no se le pare! Gritarán los mas cobardes… ¡Que viva mi bandera, viva
nuestra nación, viva la revolución!
Esteban
Casañas Lostal.
Montreal..Canadá
21
de febrero de 1999
Post
Data.-
2023-09-10
-¿Los
ves marchando?
-¡Siiiii!
-Les
dan cinco huevos para pasar un mes y todavía se les para!
El cabrón no se conformó con el silbatazo que había
sonado a boca de jarro frente a la puerta, tocó con mucha fuerza, como si
estuviera enojado o fuera el dueño de la casa. Todos saltaron asustados en la
sala y las niñas rompieron a llorar dentro del corral. Otra vez el pito con ese
sonido agudo y penetrante que no es interrumpido por el movimiento de una bolita.
Tiene que ser como el de Manuel, el viejo guardia jurado que pasaba cada noche
y se detenía a conversar junto a la puerta, pensó la vieja.
La china dejó de sacarle el pan de la boca a su prima
con la segunda pitada, lo hacían diariamente y cuando no tenían pan a su
alcance, ambas hurgaban dentro de los pañales en busca de un poco de mierda
para jugar y mascar. Dio un grito y dejó escapar una bola de harina baboseada y
espesa que como lava corrió por su barbilla hasta el pecho. Su prima se paró
aferrándose al pasamano del corral y orinó, la china se calmó y comenzó a
patalear con el charco tibio.
-¡Ernestooooooooooo! Gritó, sonó el silbato con más
fuerza y tocó nuevamente con más violencia. No es Manuel, no es la hora de su
recorrido, él nunca tocaría de esa manera, es un gallego muy decente. Pensó la
vieja sin decidirse a abrir. Mi nombre, ha mencionado mi cabrón nombre, nada
bueno debe ser, yo no le escribo a nadie, nadie lo hace conmigo, pensó.
-¡Compadre! ¿Tú no puedes tocar más suave? ¿Quién
coño te crees que eres? No respondió, estaba vacunado contra todo tipo de
ofensas. Extrajo del fajo de telegramas que tenía atados por una liguita el que
le pertenecía y se lo extendió en silencio. De una bolsa de yute que colgaba de
su hombro sacó una libreta y un lápiz.
-¡Firma aquí! No te equivoques, donde dice recibido,
pon tu nombre en letra de molde. Le dio un leve toque a los pedales de su
bicicleta y descendió a toda velocidad por La Sola. Sin detenerse a mirar si
venía algún auto, dobló a toda velocidad por Luís Estévez, esquivó un profundo
bache y se perdió. Lo imaginó atravesando Mayía en un acto suicida mientras
extraía del sobre abierto el papelito del telegrama.
…Se le informa que debe presentarse con carácter
obligatorio el día 25-07-1976 a las 1000 horas en el punto establecido en la
calle Zapote entre Rabí y San Indalecio…
Firmado: J’ de Batallón de las M.N.R.
La firma tenía los rasgos o el trazo que deja
normalmente un niño de tercer grado, volvió a leerlo antes de entrar a la casa.
Las niñas no se encontraban en el corral, ambas madres las habían llevado a sus
cuartos para cambiarlas y luego ponerse de acuerdo en quién limpiaría el nido
de sus trágicas infancias, era una especie de lotería diaria donde nadie
deseaba ser ganador. Las moscas se posaban gozosas sobre los restos del pan
mezclado con orine, danzaban y sonreían, eran felices ante la indiferencia de
los demás, afortunadamente no habían hecho caca ese día. Tampoco era crítica la
situación, nada molestaba a los que se encontraban viendo la televisión, era
normal y todos se mantenían concentrados en las olimpiadas.
Un extraño y desagradable revoltijo de olores
recorría el pasillo de la cocina, inconforme con aquel reducido espacio,
invadió la sala y se detuvo ante la puerta de la calle. Ana hervía los culeros
de su hija luego de haber rayado varias astillas de jabón Nácar y Batey, el
olor a mierda infantil lograba vencer al de los frijoles colorados que se
ablandaban en otra hornilla. Clara freía una lata de carne rusa que le tocó por
la libreta, tuvo suerte que Alipio había traído ajo y cebolla del campo, los
vendía a buen precio, como eran clientes de confianza, les fiaba. La vieja
preparaba una especie de sancocho para las niñas, un resumen de todos los
pedacitos que encontraba a mano, los hervía y luego pasaba por la batidora. Las
niñas se lo comían con mucho gusto y había que velar a los mayores. Muy
nutritivo, alimenticio, digestivo, decía siempre con algo de orgullo, todas mis
generaciones pasadas se alimentaron con ese sancocho. Y era verdad, hasta a él
le gustaba, pero cuando las niñas cagaban eran mayores de edad.
Mañana son las eliminatorias de los 800 metros
planos, no creo que me vayan a joder ese evento, pensó y volvió a leer el
telegrama. ¿No habían dicho que las milicias eran de carácter voluntario? ¿Por
qué me citan a mí? Esto debe ser obra de Yolanda, siempre tratando de
integrarnos a todos, soñando en convertirnos en héroes, delirando por
transformarnos en revolucionarios, pensó otra vez. Yo no he llenado ninguna
planilla para incorporarme, no tengo tiempo, siempre estoy navegando. Bueno,
esa era una elegante justificación, la realidad era otra, no le interesaba y
ahora menos que nunca, están pasando las Olimpiadas por televisión y mañana
corre Juantorena.
-¡Dereeeeeecha! Gritó un viejo uniformado y todo
aquel pelotón de momias giró en esa dirección. ¡Coño, me estoy quedando fuera!
Antes gritaban diferente, ¡derecha, dréeeeee! Pal caso, es la misma cosa,
pensó.
-¡Mire, compañero! Se le acercó al viejo de uniforme,
hasta charreteras tenía, trató de mostrarle el telegrama.
-¡Incorpórese a la formación! No permitió decirle una
sola palabra, explicarle algo, manifestarle que todo había sido un error.
¡Incorpórese, compañero! Se lo dijo muy serio y señaló el lugar específico que
le correspondía de acuerdo con la estatura. Los que estaban en la formación se
corrieron y dejaron un espacio disponible. Sin pensarlo dos veces se dirigió a
las filas, algunos sonrieron, eran muy viejos todos, él era casi un niño entre
ellos, veintisiete añitos, un bebé.
-¡Tomen distancia! Volvió a gritar aquel viejo de
uniformes y charreteras, lo hacía algo enojado, como si estuviera en presencia
de ese puto enemigo que vivía amenazándolos. Estiró el brazo hasta tocar el
hombro flácido y huesudo del viejo que tenía a su lado. Sintió el peso de otros
dedos tocando el suyo y giró la cabeza. Tenía las uñas largas y negras como las
de los mecánicos, tal vez lo era, pero su aspecto de jubilado lo traicionaba.
Más allá de aquellas asquerosas uñas aparecía la arboleda del parque. ¡En su
lugar, descansen! Dedicó unos minutos a leer el papelito que le entregó otro
tipo que llegó uniformado con pantalón verde olivo y una camisa azul cielo,
pero como el del cielo cuando está próximo al crepúsculo y no tiene ese sol
jodedor que los abrazaba en esos instantes. El viejo de las charreteras levantó
su dedo índice y señaló un punto de la formación. ¡Ese dedo! Nunca había
sentido tanto odio por un dedo y comenzó a buscarle defectos. No sirve para
nada, no te puedes sacar los mocos con ellos, ni para aquello que se hace con
las muchachitas cuando se es novio y ella señorita. ¡Para acusar, ordenar,
señalar! Para eso sirve el dedo índice solamente, bueno, para agarrar el lápiz
y esculpir estatuas de héroes señalando hacia un punto perdido que nosotros
interpretamos a nuestra manera, pensó.
El tipo uniformado se paró en atención y lo saludó
militarmente, igualito que lo hizo Ernesto cuando estaba en el Servicio Militar
Obligatorio. ¿Aquí? No tiene sentido, debe ser uno de esos viejos chivatones y
chicharrones que abunda en este país, le cayó mal de gratis, no sabe por qué.
-¡Dereeeeeecha! Quedaron en dirección al parque, tal
vez el viejo uniformado con cara de hijoputa nos lleve marchando hasta la
sombra de los árboles, pensó.
-¡Dereeeeeecha! ¡Dereeeeeecha! Gritó dos veces
seguidas y quedaron en dirección a la calle 10 de Octubre. ¡Coño, que diga
media vuelta! No me imagino marchando por esa avenida entre todos estos viejos
cagalitrozos y los pollos jalándome levas, pensó.
-¡Porteeeeeennnnn, armaaaaaaaas! Ya no aguanto más,
ahora sí que voy hasta donde se encuentra ese viejo comemierda y tiene que
escucharme. Todos los viejos de la formación levantaron las escopetas de palo
que tenían a su lado y la colocaron sobre sus hombros. -¡De freeeeeeente,
maaaaaaarch! Ni huevos, yo no voy a marchar por 10 de Octubre, al primer paso
salió de la fila y se dirigió hacia donde se encontraba aquel general de
tibores. ¡Soldado, incorpórese nuevamente a la formación!
-¡Oye! Manda a parar si tú quieres, yo no voy a
incorporarme en ningún lado. Llevo una hora tratando de explicarte que todo
esto es un error y continúas empecinado en hacerme marchar.
-¡Pelooooootón, aaaaaaaltó! ¡En su lugar, descansen!
-¡Mire, jefe! Esto es un error, yo soy oficial de la
reserva de la marina de guerra revolucionaria. El hombre tomó el papelito entre
sus manos y lo leyó, volvió a leerlo nuevamente. Se paró en atención y lo
saludó militarmente.
-¡Compañero capitán de fragata, puede retirarse! No
puede negarse que estamos en presencia de un error, sus obligaciones con la
defensa de la revolución se encuentran en otro campo, ya le informaré al estado
mayor. ¡Ño! Hay que aprovechar los vientos de bonanza que soplaron por su
cabeza en aquellos instantes. Me voy a la mierda antes que se arrepintiera y me
obligue a mandarlo a la casa de su reverendísima abuela, pensó otra vez.
-¡Atenjóooooo! ¡Porteeeeeennnnn, armas! ¡De
Freeeeeeente, maaaaaaarch! A sus espaldas, un pelotón de esqueléticos fantasmas
marchaba en dirección a 10 de Octubre llevando sobre sus hombros unas carabinas
de palos. Iban a librar esa espantosa guerra anunciada desde hacía muchos años.
¡1,2,3,4! ¡1,2,3,4! ¡Tercer elemento de la primera escuadra, agarre el paso!
¡1,2,3,4! ¡1,2,3,4! ¡Comiendo mierda y rompiendo zapatos! Pensó y se dirigió a
la parada de la guagua.
Nadie abrió, tocó con la misma rabia del cartero,
pocos segundos después apareció la vieja. Los contados asientos de la sala
estaban ocupados, nadie hablaba, solo se escuchaba la voz de Héctor Rodríguez
mezcladas con el pitillo de la olla de presión donde la vieja trataba de
ablandar unos rebeldes frijoles negros. Ella continuó por el pasillo hacia la
cocina, arrastraba las chancletas al caminar y no se podía escuchar el
entrañable ruido de sus pasos cuando el televisor tenía el volumen a toda voz,
daba la sensación de verla flotar. El olor a mierda hervida con jabones de
producción nacional era el ambientador preferido de la casa, hoy le tocaba el
turno a la primita de la china, olía igual, comían lo mismo. Las niñas jugaban
tranquilas en el corral mientras sus padres permanecían atentos a la pantalla,
estaban limpias, ya había pasado la hora de sus evacuaciones. Ana escogía arroz
en la mesa del comedor y su vista viajaba entre gorgojos y una bella pista de
tartán.
-Suena el disparo y salen los corredores! Todos en la
sala se ponen de pie y las niñas se asustan en el corral, la china comienza a
llorar. -Alberto Juantorena viene corriendo por la carrilera número cinco y
toma la delantera después de la segunda curva de la pista. Comenzaron a
aplaudir y la china a gritar, nadie le hizo caso, pensaron que ella también
apoyaba al corredor nacional. -¡Juantorena es superado a la altura de la meta
cuando comenzaba la segunda vuelta y ocupa ahora el segundo lugar! Un
sentimiento de desconsuelo y frustración invade la sala.
-¡Qué no se le salgan los chícharos! ¡Qué no se le
salgan los chícharos! Rogó uno de los presentes y nadie lo escuchó.
-¡Juantorena aprieta el paso y vuelve a tomar la
cabecera de los corredores!
-¡Alicia, tu hija se cagó!
-¡Qué aguante un poco! Ya se va a acabar la carrera.
Suena la puerta de la calle y nadie se mueve.
-¡Vieja, no tendrá mucha presión la olla!
-Ahora la bajo.
-¿Y si explota? Los toques fueron mucho más fuertes
que los del cartero.
-¡Se le aproxima un corredor en la curva final,
amenaza con pasar a Juantorena! La gente comienza a aplaudirlo y darle ánimo
como si se encontraran en el estadio de Montreal, la olla suena con más fuerza,
celebrando también la carrera, los toques de la puerta son más insistentes.
-¡Qué peste a mierda! Protestó uno de los presentes.
-¿Y tú cagas con perfume? Le respondió Alicia sin
despegar la mirada del televisor.
-¡Juantorena mantiene su paso, corre con el corazón y
no permite ser alcanzado! ¡Juantorena se aproxima a la meta! ¡Juantorena gana e
implanta un nuevo récord mundial! Todos saltaron en la sala, gritaron de
alegría, la hija de Alicia lo hacía sin parar, la china le metió las manos
entre el culero y agarró un poco de mierda, se la llevó a la boca. Los golpes
de la puerta fueron más fuertes y la vieja se desvió a la cocina, apagó la
hornilla de los frijoles. Ana abrió.
-Tengo dos pollos para vender. Le dijo Mirna.
-Mirna vende dos pollos. Le dijo Ana a Alicia.
-Mirna vende dos pollos. Le dijo Alicia a Esther.
-Mirna vende dos pollos. Le dijo Esther a Felicia.
-Mirna vende dos pollos. Le dijo Felicia a la vieja.
-¿Por qué no los compras?
-Porque estamos a veinte.
-Porque mi marido no quiere que compre nada por la
bolsa negra.
-Porque si los compro ¿qué comerán los hijos de
Mirna?
-Porque estamos a veinte.
-¡Si no los compras tú, los va a comprar otro! No se
puede andar con esos sentimientos, la carrera dura de verdad, la que hay que
vencer, es ésta que tenemos aquí. Vamos a dejarnos de comer tanta mierda, las
niñas no comen medallas, nosotros tampoco. Hubo silencio, Yolanda aprovechó que
la puerta estaba abierta y entró sin pedir permiso, no hacía falta, era la
presidenta del Comité y tenía el defecto de considerarse parte de la familia.
-Y tú, ¿qué haces aquí?, yo te imaginaba marchando y
preparándote para defender la revolución.
-¿Yo? ¡Alicia, por Dios, tu hija se cagó!
-¿Quién ganó la carrera? Preguntó Alfredo cuando
salió del baño.
-Deberías demorarte menos cuando uses el baño con tu
mujer, hace más de una hora que me estoy orinando. Protestó Esther.
-¿Y no marchaste? Le preguntó Yolanda a Ernesto.
-No, hoy corría Juantorena. Mirna está vendiendo dos
pollos, ¿te interesan?
-¿A cuánto? Yolanda revisó el monedero para comprobar
el dinero que cargaba consigo.