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sábado, 24 de agosto de 2024

LAS MEMORIAS DE UN GIRASOL

 

LAS MEMORIAS DE UN GIRASOL




 

Cuenta la “leyenda” que durante la celebración de uno de aquellos Premios Girasol de Opina realizados en el teatro “Blanquita”, Charlie Chaplin y finalmente Karl Marx, su presentadora, aquella señora que antes del 1959 promoviera al jabón de lavar “Rina”, tuvo un fuerte encontronazo con un hombre que había perdido a su mascota de color azul.

 

Según me contó la “leyenda”, porque estas líneas no son frutos de chismes vecinales o bretes en las reuniones de la CTC para optar por un televisor Caribe, el origen de aquella riña entre bambalinas venía de solo un poquito atrás. ¡Ohhhhh, sí! Debo contarles quien fue la “leyenda” para que me comprendan. Pues se trató de un buen amigo al que no me unieron estrechos lazos de amistad. Sin embargo, disfrutamos como nadie cada encuentro en mis regresos de viajes. Él fue algo así como mi “concuño” y disculpen no me extienda mucho porque ambos han pasado a mejor vida. La leyenda poseía un carácter jovial espectacular, siempre andaba bromeando y nunca le falto una sonrisa a su rostro, imagen suya muy bien recibida en una casa -por no decir albergue- donde nos hacinábamos 21 personas. Andaría muy enamorado en aquellos tiempos, cuando sus visitas a aquella especie de corral eran muy frecuentes. Llegaba conduciendo una moto con sidecar, no recuerdo ahora si era de marca MZ o aquellas monstruosas Urales soviéticas. Nunca rechazó un trago o cerveza y bebía como un camello, luego partía tan sobrio como había arribado, poseía excelente cultura alcohólica.

 

Entre tragos, la “leyenda” siempre me ponía al corriente de chismes muy secretos para la población, digamos que compartía conmigo cierta información confidencial de donde no escapaban artistas o dirigentes. ¡Claro que eran noticias de primera mano! La “leyenda” trabajaba como fotógrafo de la revista Bohemia y sentimos muchísimo su muerte repentina producida por un infarto masivo, al menos, eso nos contó su prometida.

 

-Ni te imaginas la clase de bateo que se formo anoche en el Karl Marx cuando los premios “Girasol”, ¿no los viste por televisión? Me preguntó Gaspar esa tarde, porque ese era su nombre, tal vez al final escriba su apellido.

 

-¡Si lo vi, mas de lo mismo! Pero no televisaron ningún bateo durante el evento.

 

-Porque el bateo fue detrás de bambalinas. ¿Cómo crees que te lo van a televisar en vivo y directo en un pais donde toda la programación es diferida, casi nada se transmite en vivo?

 

-Entonces, ¿nada de lo sucedido trascendió al público presente en el teatro?

 

-¡Oye, cuando yo te traigo alguna noticia considérate un privilegiado! ¿Viste el programa de los premios anoche?

 

-Ya te dije que sí, sumamente aburrido.

 

-¿Viste la parte donde la señora que antes del 59 hacia los comerciales del jabón “Rina” dijo que, el tipo a quien después se le perdió un Unicornio, no asistía a la ceremonia por encontrarse indispuesto?




 

-¡Coño, si vi esa parte! Pero todo quedó ahí, no hubo ese bateo que mencionas.

 

-¡Frío, Frío, Frío! ¿No viste que al ratico llegó el tipo justificando su demora? Que si andaba por África buscando al animalito, que si estaba trabajando en los Estudios Egrem grabando un disco, que si estaba cortando caña en el Pico Turquino con la Brigada Venceremos, etc. Bueno, ya sabes como son estas gentes a la hora de las justificaciones. ¡Eso, sí! Al menos dime, ¿te diste cuenta de que aquellas palabras las expresó algo enojado? Porque si no observaste este detalle, recojo el violín y no toco, no me gusta estar perdiendo el tiempo con brutos.

 

-¡Coño, tampoco te mandes! Yo no soy tan bruto. ¡Acaba de soltarlo todo y deja los comerciales! ¿Cuál es la razón que provocó esa tensión entre dos bolas rojas?

 

-Ya te dije que viene de un poquito mas atrás. Tú sabes que la señora del jabón “Rina”, es la mamá del tipo que constantemente te está pidiendo que te acuerdes de Abril, coño, como si el año no tuviera doce meses.

 

-Eso lo sabe todo el mundo, ¿y?

 

-Pues debes imaginar que el tipo del mes de Abril tiene un grupo musical.

 

-No me explico la necesidad, solo ha tenido esa canción con algo de aceptación, ni tiene voz y le sobra vibrato, bueno, también le sobra algo de quijá. Entonces, ¿el bateo vino por su grupo musical y el Girasol?

 

-Bueno, vino por el grupo, pero nada que ver con los premios.

 

-¿Entonces?

 

-¡Sírveme un trago, coño! Te cuento que, en una de esas, el tipo del mes de Abril, lo invita a una descarguita que iba a celebrar en su casa para despedir a uno de sus músicos que se iba pal yuma. El tipo guarda muy bien a su Unicornio por miedo a que se lo roben y jamen y parte al festejo en casa de Abril. Gaspar hace una pausa para ir al baño y cuando regresa se da un trago antes de continuar su relato.

 

-Asere, me tienes nervioso, acaba de soltarlo todo. Se sentó tratando de esquivar la punta de un muelle que sobresalía del butacón y respiró profundamente.

 

-¿Cómo coño se te ocurre invitarme a esta pajarería? Me dijeron que utilizó palabras mas obscenas que esas, bueno, las que usamos normalmente los cubanos en una bronca. ¿Qué te cuento? Me dijo quién me lo contó, que el reguero de plumas obstruía la vista en aquella sala. ¡Dime tú! Te pones a estudiar la situación con calma y el del Unicornio tiene sus razones, era, lo es, un furibundo comunista y cómplice del régimen. ¿Imagínate un chivatazo de pajarería al nivel en que se movía el cuadrúpedo? Lo crucifican, le quitan la casita, el carro, no lo dejan grabar ni la calabacita. ¡Tú sabes cómo funciona eso allá!

 

-¡Perfecto! ¿Cuál es la relación del plumerío con el bateo del Girasol?

 

-¡Mira, muchacho! Parece que él interpretó las palabras de la mujer del jabón Rina como una venganza y en un intermedio, el del caballito cruzado con rinoceronte se le coló en el camerino. ¿Pa'qué fue aquello? Ahí si estaba yo, nadie me lo contó.

 

-¡Coño, Gaspar, desembucha! Me tienes caliente.

 

-¿Qué te cuento? ¡Mira, muchacho! Hasta alma mía le dijo a la mujer del jabón Rina. ¡A mí no me hace falta el premio Girasol para ser quien soy! Si tú quieres, yo se lo dono a la pájara de tu hijo, eso y mucho más. Tampoco creas que la mujer del jabón era jamoncito, se le encaró muy bien y lo puso como un trapo… ¡Oye, me tengo que ir! Debo cubrir una asamblea de rendición de cuentas en el matadero del Lawton, ya sabes, sobra la carne. Gaspar Sardiñas se despidió de nosotros y creo que fue la última vez que compartí con él, cuando regresé del próximo viaje me enteré de su repentina muerte, le dio un infarto fulminante. Era un buen hombre y todos sentimos su muerte. Partió mas tarde la mujer del jabón Rina y al final del cuento el del mes de Abril es medio amiguito de quien perdió el Unicornio. Ya no lo pueden ofender porque la pajarería esta autorizada en la isla, no pudieron mantener oculto a tantas a aves que pertenecen al Comité Central.

 

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá

2024-08-24

 

 

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lunes, 19 de agosto de 2024

¡VENEZUELA, HASTA EL FINAL!

 

¡VENEZUELA, HASTA EL FINAL!




 

Es un deber comenzar cualquier trabajo referente al pueblo venezolano, agradeciendo todas las muestras de valentía trasmitidas durante estos años. Enseñanzas que no acabamos de comprender, estudiar, imitar, aplaudir, etc., nos hemos limitado a virar cobardemente el rostro, los hemos abandonado a su suerte como hicieron con nosotros. No me refiero a otra gente que no sea la nuestra, poco me importa los que viven más allá de nuestras fronteras y se comportan como cómplices de las desgracias sufridas por ese valiente pueblo. Por nuestra parte y considerando sobrevivan seres con dignidad y vergüenza, creo que estamos obligados a pedirle disculpas a ese pueblo por todo el daño que les ha causado nuestra gente, que es mucho.

 

El drama venezolano es mucho mas complicado de lo que pensamos, no se limita solamente al robo descarado de estas elecciones, que no es la primera vez. Deberíamos retroceder a los inicios y hurgar en la historia desde la llegada de Chávez al poder -por obra y gracia- de un pueblo sordo que no atendió a las experiencias de otros pueblos. Aquellas ilusiones y sueños han desembocado en una trágica e insoportable pesadilla de la que el mismo pueblo quiere despojarse, pero no será fácil.

 

Aquellos supuestos vendedores de esperanzas llamados “revolucionarios” mutaron rápidamente en crueles depredadores y narcotraficantes que increíblemente mantienen secuestrado a todo un pueblo. Es increíble, tal como ha sucedido en Cuba y Nicaragua -por solo citar dos ejemplos- como una reducida camarilla de delincuentes son capaces de comprar y sobornar almas, convirtiendo a hermanos en represores y asesinos de sus hermanos. Eso no es lo peor, mas indecente es ver como “supuestos” hermanitos de la región han elegido formar filas del lado del crimen, y cuando menos, cierran los ojos o se hacen los desentendidos a cambio de varios litros de petróleo, maletines cargados de dinero o participación en el negocio de la droga.

 

De esa complicidad tenemos muy buena experiencia los cubanos -no todos- solo los que hemos sufrido prisiones, destierros, discriminaciones, represión, por solo hablar o pensar diferente, etc. Venezuela recorre el mismo camino que les advertimos no eligieran, pero esa no es razón para dejarlos abandonados en estos momentos. Vergonzoso e hipócrita han sido muchas manifestaciones a deshoras, cuando el comportamiento mantenido durante años con esa dictadura ha sido complaciente. No hay que ser muy inteligente para saber que me refiero al gobierno norteamericano, unas veces soltando a testaferros delincuentes reclamados por la dictadura, otras levantando sanciones para ser burlados y luego tratar de calmar los ánimos con esas declaraciones mencionadas. Para nadie es un secreto la hipocresía y complicidad de los presidentes de México, Brasil y Colombia, quienes han elegido distraer al mundo con roles que no se ajustan al carácter delincuencial que los envuelven. Para culminar esas desagradables menciones, solo deseo destacar la vomitiva y repulsiva participación de un expresidente español. ¿Cómo es posible que un político se dedique a asesorar a asesinos integrantes del Cartel de los Soles? La historia de corrupción entre ellos es muy antigua y larga, pero la de Zapatero es despreciable.

 

Sería infantil pensar que aun con todas las presiones del mundo Nicolás Maduro entregará el poder por las buenas. ¿No tiene un alto precio su cabeza? ¿No tienen precios las cabezas de Diosdado Cabello, Padrino, Jorge Rodríguez, Amoroso, Delcy Rodríguez, Tarek, etc.? Si a Maduro se le ocurriera negociar para entregar su cargo, sería asesinado con toda razón por uno de los suyos y así continuaríamos hasta el final para convertir ese caso en un círculo vicioso, porque esas son las reglas del juego de cualquier mafia.

 

Solo existen tres posibilidades lógicas de acuerdo con mi modesto punto de vista; a) Que el ejército decida ponerse de parte del pueblo. b) Que toda la camarilla decida abandonar Venezuela al mismo tiempo. c) Que ese final sea decidido desde el exterior con una invasión. (Posibilidad muy remota ante el nivel de complicidad internacional, toma de los organismos internacionales por individuos izquierdistas o comunistas, etc.)

 

La suerte esta echada y ese pueblo ya está agotado de tantos sacrificios y penas a los que ha sido sometido. Gracias a Dios cuentan con una líder muy valiente que inspira confianza y deseos de seguirla “hasta el final”. ¡Ojalá, María Corina Machado, hubiera nacido en Cuba!

 

¡Que viva el pueblo de Venezuela!

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2024-08-19

 

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viernes, 2 de agosto de 2024

“NO ES TIEMPO DE SILENCIOS Y MENOS DE ABSTENCIONES”

 

“NO ES TIEMPO DE SILENCIOS Y MENOS DE ABSTENCIONES”

 



Tuve la intención de iniciar la presente diciendo algo así; “Da vergüenza”... Me detuve al instante y me vi obligado a reflexionar. ¿Vergüenza?, me pregunté y estoy tratando de buscar la respuesta correcta. ¡Bochorno se ajusta mejor al momento actual! El silencio es propiedad de los cobardes y la abstención viste de gala a la traición.

 

Para los tiempos que corren desde finales del siglo pasado, creo sea muy poca la dignidad que sobrevive. Luego, trato de concentrarme en lo que deseo expresar ahorrándome el uso de esa palabra. Vergüenza debe sentirse por cada uno de los pueblos cómplices de las desgracias vividas por los venezolanos, y cuando digo cómplices, me remito a las declaraciones de sus gobernantes, elegidos y reelegidos precisamente por esos pueblos.

 

Esa supuesta y enferma vergüenza acusa gravedad cuando observas, por ejemplo, como once miserables gobiernos de este continente se “abstienen” de votar a favor de una condena contra el régimen venezolano y le dan la espalda a ese sufrido pueblo. La situación empeora cuando lees que cinco países dejaron de asistir a esa asamblea y no hace falta acudir a interpretaciones distintas a la realidad. Esos once países que se abstuvieron y los que se ausentaron son, cómplices y pueden haber sido comprados por el “Cartel de los Soles”. No olviden que esas organizaciones criminales poseen suficiente dinero para comprar a presidentes, organizaciones de todo tipo, iglesias, etc.

 

Como se viene observando desde hace muchísimo tiempo, la OEA, ONU y COMUNIDAD EUROPEA (con todos los organismos subordinados a ellos), han sido invadidos y dominados por individuos corruptos de ideas izquierdistas, progresistas, comunistas, narco- traficantes, afeminados políticos, oportunistas y todo ese enjambre de porquerías políticas que han arruinado y condenado a varios países a la pobreza y miseria moral. ¿De que sirve mantenerlas abiertas? Solo para pagarles una mesada y privilegios a un ejército de proxenetas vagos que viven del sudor de los trabajadores.

 

Corren tiempos donde da verdadera vergüenza ver como desde esos mismos sitios se condena a pueblos por los supuestos “hermanitos” en los que cada día resulta más difícil confiar o creer. Los argumentos usados para justificar sus posiciones “neutrales” son un verdadero atentado a la inteligencia humana. Asco provocan elementos que incluso fueron presidentes o aun lo son y toman parte del lado de Maduro, hablemos Zapatero, Petro, López Obrador, la presidente de Honduras, etc. ¿Dónde existe la duda sobre los resultados de las elecciones realizadas en Venezuela? Solo en la mente de cada uno de esos pordioseros morales, y lo peor, hoy asistimos a uno de los robos de unas elecciones sin antecedentes en la historia -al menos- de este continente.

 

Han sido muchas las lecciones de valor ofrecidas por el pueblo venezolano en estos años, demostraciones acompañadas de muertes y mucha sangre derramada. Abandonarlos a su suerte cuando mas nos necesitan, es un acto de traición que jamás debe ser perdonada.

 

Vergüenza siento de esa parte del pueblo cubano, dispuesta a venderse a los verdugos de nuestros vecinos a cambio de pacotilla barata que, ellos mismos pudieran adquirir sin regulaciones viviendo en libertad. Si ustedes manifiestan sentir orgullo por ser cubanos, me disculpan, hace muchos años que siento pena de serlo, sentimiento que experimenté viviendo en esa maldita isla.

 

Es cierto, aquella generación hoy envejecida de venezolanos no escuchó cuando los alertamos, cualquier pueblo comete errores y no es justo condenar a generaciones de jóvenes al silencio cómplice o falsas manifestaciones de neutralidad. No olviden a nuestros hoy viejos cuando gritaban ¡Paredón! ¡Paredón! ¡Patria o Muerte! Y otras despreciables consignas, quizás sea la causa a tanta indiferencia ante el dolor de nuestro pueblo.

 

Maduro y su Cartel de los Soles, integrado por criminales traficantes de drogas, mantienen secuestrados al pueblo de Venezuela y de paso alimentan al régimen proxeneta que se mantiene en Cuba por más de tres décadas.

 

¡Viva Venezuela libre! ¡Viva el heroico pueblo venezolano! ¡Abajo todos los que se abstuvieron y traicionaron a Venezuela! ¡Abajo el régimen sanguinario de Cuba!

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2024-08-02

 

 

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sábado, 17 de junio de 2023

SUEÑO SIN MÉTRICA

 

SUEÑO SIN MÉTRICA



 

¡Cubran el polvo levantado por cada columna caída!
 
él duerme tranquilo su siesta agotada,
 
pasta en su lecho indiferente de media centuria,
 
de medias memorias, medio rostro, medio oído,
 
medio odio, medio amor, medias verdades empercudidas.
 
 
¡Cierren ventanas y puertas!
 
no lo debe despertar el canto de las aves que emigran,
 
ni el pregón del merolico que vende su alma,
 
molesta el gemido de la niña disfrazada de puta,
 
el mendigo pionero vestido de niño,
 
el preso oculto en la ropa del hombre,
 
el discurso torpe en la palabra cautiva y culta.
 
 
¡Apaguen la radio! Las noticias alteran sus nervios,
 
la matemática no cuadra la caja,
 
el mercado no llega a la vianda,
 
las vacas tienen tetas de siliconas.
 
soldado que va y viene, documentada la inmoral,
 
timorato que se viene ante la prosa divina,
 
plumas que se manchan por el verbo infecundo,
 
oídos que pierden el rumbo, esperanza traidora,
 
metáfora el hermano, el amigo, el, el, el hombre.
 
 
¡Cierren puertas y ventanas! El descaro duerme su yo,
 
le molestará el tableteo de botas que desfilan,
 
le perturba la presencia del gorrión,
 
el escándalo de osamentas inquietas y verdugos que juegan,
 
el césped no existe, no hay raíces, ¿podrá crecer mañana?
 
 
¡Apaguen el televisor!
 
molesta la luz de su desgracia,
 
la golondrina que va y no regresa,
 
el pitirre con carta blanca,
 
la métrica de nuestras conciencias,
 
el himen inmoral de la vergüenza,
 
el culpable totí de nuestras penas,
 
el ruiseñor mudo de nuestras glorias,
 
el aura de nuestro destino, oculta,
 
la tumba profanada de los recuerdos,
 
el huracán culpable de su hambruna, canto de tripas.
 
 
¡Apaguen la radio del vecino!
 
la noticia casual del enemigo,
 
la voz reprimida entre corales,
 
la balsa sumergida entre ráfagas de timbales,
 
ayes mudos en abordajes,
 
el miedo en vuelo rasante,
 
brazos que se alzan al azar, el sí traidor.
 
 
¡Apaguen todo, desconecten su mundo, no hagan ruido!
 
El pueblo duerme,
 
Espera por el príncipe encantado que lo despierte con un beso.
 
 
 
Esteban Casañas Lostal.
 
Montreal Canadá.
 
2007-11-15
 
 
 
 
 
Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que el trono que erigiera en vuestro interior ha sido antes destruido.
Jalil Gibrán.
 
 

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viernes, 2 de junio de 2023

EL SON DE LA MONTAÑA

 

EL SON DE LA MONTAÑA


El autor de estas notas a la edad de 4 o 5 años. ¿Quién pudiera saberlo?


-Muchas veces quise dicirlo, pero a la gente de hoy in día no le gusta oírle a un viejo, too lo que hablamos es profecía, solo dicimos mierdas, recuerdos que a la gente no les interesa. Es como si estuviera rodeado de sordos, di toas formas yo hablo y pa callarme hay que darme un trancazo en la boca, na tengo que perder, soy un viejo, medio ciego, cagalitrozo, casi un estorbo, pero no soy mudo, ni sordo como muchos cabrones.

 

 Ese era el pan nuestro de cada día de Gumersindo, hoy viejo, jorobado por el peso de los años, pero más que eso, por el de los sufrimientos. Uno de aquellos pocos testigos de un tiempo algo lejano, de aquellos que han parecido siglos y se llevan en las espaldas y la conciencia, de esos que joroban y nunca se endereza.

 

¿Quién mejor que él? Nadie, ya quedan pocos de su generación, de aquellos que lo vivieron todo y cruzaron dos largas fronteras, las de dos siglos en medio de infructuosas esperas. Ya apestaba el pobre viejo, no podía ir hasta el río a bañarse y los pocos nietos que allí vivían, no le cargaban un cubo de agua. Cuando se cagaba, iba por el camino que tantas veces había recorrido y se demoraba años en llegar hasta aquellas limpias aguas, lavando la mierda y la ropa se gastaba medio día, y otro para volver a subir la loma ayudado por un improvisado bastón que él mismo se hizo, con un pedazo de guayabo.

 

Nadie sabe las veces que le había pedido al supremo le adelantara la fecha, pero parece que en el cielo también eran sordos, como si le hubieran ordenado que permaneciera en la tierra, porque allí harían falta testigos. Olvidado permanecía todo el tiempo encima de un taburete, recostado como siempre lo hizo, al lado de la puerta de entrada al bohío, el mismo que él levantara hacía mucho tiempo, antes del cual, nacieran sus hijos, mucho antes de que aparecieran esos nietos que hoy lo ignoraban, y allí, inclinado, permanecía muchas horas, días enteros, hasta que se sumaban en años y toda una vida, desde que le comenzaron a fallar muchos órganos del cuerpo.

Hablaba solo y lo acusaban de loco, hablaba y no paraba de hacerlo. Lo hacía con un pájaro que pasaba y sus ojos no podían distinguir, los adivinaba por la velocidad de sus vuelos. Con las vacas sueltas que hoy eran muy pocas, con los caballos que se aproximaban. A estos los adivinaba por el sonido de los cascos, nunca le importaba los jinetes que los cabalgaran, estos cambiaban de la noche a la mañana, no así el paso de las bestias, ni sus resoplidos. Eso lo aprendió con los años, y eso, no lo aprenden los guajiros de hoy, porque sus oídos están adaptados a otros sonidos, a las marchas, los discursos y a la radio.

 

Era un loco empedernido, el más viejo de los locos y ahora estorbaba. Digno de una risa hiriente de aquellos que no lo conocían, entre ellos de su propia familia, nacidos después que aquellos montes fueron tumbados a huevos y machetes, risa, nunca conoció algo tan humillante, pero el Señor era cabrón, allí lo tenía molestando y molestándose, cagándose de vez en cuando como castigo y realizando esos largos viajes.

 

- Mierda de campo, de haberlo sabío me hubiera ahorrao mucho trabajo, es como un castigo por lo que nunca hice, que el señor me perdone, pero esto no me lo merezco. Eso se decía todos los días antes del almuerzo, se lo repetía una y otra vez, hasta la santa hora en que se tiraba en la hamaca que le habían asignado, como si fuera un muñeco que todos trajinaban en la casa; ¡Qué malo es llegar a viejo! Siempre se decía (cuando hablaba para sus adentro), cuando evitaba que lo oyeran, para que no supieran que hablaba un viejo.

 

-Ya esto no es campo compay, esto es mierda, campo era otro, donde el guajiro amaba la tierra, aquello sí que era otra cosa, en too, las gentes eran diferentes. Lo mismo que las siembras, nojotros los guajiros nos sentíamos orgullosos de nuestras tumbas (pedazo de monte tumbado por un guajiro y sembrado), hoy día no hay na de eso, hasta los pocos metros de tierras que teníamos pa mantener la familia han desaparecío porque naide las atiende. Había que oírlo, nadie lo escuchaba, desgraciadamente en ese país, todos se quedaron sordos.

- ¿De qué sirve compay? ¿De qué han servío toas esas cosas que tanto anuncian? De na, porque si te fijas, no han servío de na, el campo está abandonao. ¿Antes? En esos tiempos era otra cosa, compay. El guajiro era orgulloso de serlo cuando de verdad lo era, nunca se avergonzó como ahora de su origen y la vida era otra, era dura, en todos los tiempos lo ha sido pero no tanto como hoy, donde el ser le pierde el amor a la tierra, esa, a la que nojotros le hemos arrancao de las entrañas toos los alimentos, y mira, han traío a toa esta gente que hoy no miran pa ningún lao.  Hablaba y nadie lo oía, solo los pájaros, por su lado corrían algunos niños, luego, después de los doce años no los volvería a ver o sencillamente escuchar sus pasos, desaparecían, como los otros que partieran mucho antes, esa era la vida ahora, todos escapaban.

 

-Mierda que se oye por ese aparato de pilas, decir que esa es música guajira, como si uno fuera comemierda, música era aquella, la de los guateques, ¡qué fiestas aquellas!, ¿quién se acordará de ellas? Solo los viejos, pero creo que quedamos muy pocos y nos tienen tirados a basura. Por cualquier motivo se armaba un guateque, no eran muchos en el año, un bautizo, algún cumpleaños, pero el más importante de toos era el de fin de la zafra, hablo de la del café, por supuesto. Siempre se hacía en casa de Silvano, era el que mejor tenía su bohío y se prestaba pa too eso, la gente colaboraba desde días anteriores a la fiesta, unos llevaban viandas, otros unas gallinas, un guanajo y no podía faltar el puerco, ese que solo sabe hacer un guajiro, en puya, relleno de congrí o sencillamente, así como lo hacen, cavando un gran hueco a la tierra y quemando muchos palos hasta que quedan las brasas. Palos de todo tipo, palos del monte que le dan un sabor diferente a las carnes y al final para rematar, muchas hojas de guayaba que producen un humo con un dulce aroma, y esta le penetra a la carne y le da un típico sabor, eso solo lo saben los guajiros, pero no los de ahora, ni los que viven a lado de las carreteras, el del monte digo yo, el de la Sierra.

 

Siempre se veía el correcorrre de las mujeres, de las jóvenes y las viejas. Hasta de las que estaban empollando y se les notaban pequeños bulticos debajo de los vestidos a la altura de sus pechos. Ellas también se calentaban, todas esperaban ilusionadas a que llegaran sus conocidos y vestían sus mejores faldas, bien blancas y estiradas con las planchas de carbón y que les llegaban casi hasta el tobillo. La cabellera larga, muy larga y negras casi siempre, brillantes, brillo que obtenían con el aceite de coco que se untaban, ligados con una colonia que olía a limón puro, creo que le decían mil ochocientos. No la recuerdo mucho, pero un gran pomazo costaba menos de un peso, ese era el perfume de los pobres, para sus pocas fiestas en el año. A alguna que a otra se le antojaba lucir ese día su mejor pañuelo de cabeza, tal vez el único, el que se usaba para las celebraciones, de colores muy chillones que contrastaban con la blancura de sus vestidos. Para caminar por el monte lo hacían con alpargatas, dentro de un jabuquito traían los zapatos de las festividades, los que usaban también cuando llegaban hasta el pueblo, todos eran bajitos, a ninguna se le hubiera ocurrío usarlo de tacones donde todos los pisos eran de tierra. Yo vide a muy pocas que se hubieran pintado las bembas, no lo hacían, porque decían los machos, que eso solo lo hacían las putas del pueblo, entonces esa voz se corrió por toa la comarca, desde hace quién sabe cuántos años.

 

Las mujeres se agrupaban en la cocina, allí chismeaban y daban una mano en los preparativos de la comida y cuando comenzaba a caer la tarde, que en los montes es muy temprano, iban llegando los hombres, unos lo hacían a caballo, mostrando una montura brillante, sus arreos adornados de distintas maneras y rematando sus botas unas hermosas espuelas. Otras familias llegaban a pie y se dirigían hasta el secadero de café que Silvano tenía en la parte trasera de su bohío, era la única porción del suelo en toa la comarca que era de cemento, la perfecta para los guateques que luego se hicieron muy famosos. Los hombres continuaban en el frente, donde habían amarrado sus caballos a lo largo de una gran tranca dispuesta para ellos, algunos animales estaban sudorosos por la larga travesía. Muchos gastaban horas en llegar, pero nadie se perdía aquella fiesta que solo tenía un período anual. Corcoveaban algunos animales, mientras sus dueños hablaban de las virtudes de ellos. En un pedazo de llano que había frente al bohío, se organizaban varias carreras y siempre se apostaba algo.

 

Los músicos se iban acomodando en sus puestos, una larga hilera de taburetes se colocaba a la orilla del secadero. Una mitad de él estaba ocupada por el café de la última recogida, la del ordeño, apilada en una gran loma de granos que anunciaba la zafra había sido buena, cubierta por pencas de yarey. Las mujeres seguían a estos y se acomodaban en los taburetes, mientras las de la casa y familia, ponía una gran mesa muy cerca de la pista, con muchos y variados manjares. Toos los platos apilados unos encima del otro y los cubiertos a un lao. La gente se serviría lo que se antojaba, así era esa fiesta desde hacía tiempos que no recuerdo. Toos los hombres, al oír a los músicos afinando sus instrumentos, sacaban de sus alforjas varias botellas de aguardiente y la ponían en aquella mesa, pa que bebiera el sediento, cualquiera que fuera, allí, na era de naide.

 

Sonaron las primeras notas de un Tres y al momento arrancaron todos los acompañantes, lo hizo las claves, las maracas hechas de guira y rellenas de peonías, el guayo, hermano de las maracas, pero hueco y rayado. Le siguieron las guitarras y una marimba de cajón, que lo mismo servía para hacer de contrabajo, que se usaba como instrumento de percusión, los guajiros no sabían mucho de las tumbadoras. Sonaba la música y se podía escuchar el eco de ella en las montañas, la primera pieza casi naide la bailaba. A los músicos eso no les preocupaba, luego la repetirían y si fuera necesario lo volverían a hacer hasta el cansancio, porque ese guateque duraba hasta el amanecer. Genaro era el campeón tocando el Laúd, unos minutos después de encontrarse el pequeño conjunto tocando, él brindaba sus primeros acordes, dándole a ese Son el nivel que muchos ignoraron. Una andanada de aplausos se ganó desde su apertura, entonces, todos los muchachos dejaron de joder frente a la casa y le prestaban atención a la música.

 

Los primeros números naide los bailaba, los guajiros eran así, cortos de palabras, parcos, tímidos para sus cosas, pero eso sí, muy bravos para las peleas, muy machos. Necesitaban tomarse de un solo palo la mitad de una botella de esos apestosos aguardientes, pa dejar en la parte vacía de ellas, parte de su vergüenza. Entonces, era cuando de verdad se envalentonaban y llegaban hasta la hilera donde estaban las muchachas y con mucho respeto le solicitaban una pieza. Ninguna se negaba, aprovechaban que la fiesta estaba empezando y eran los momentos más tranquilas de ella, tres o cuatro horas aparecerían los síntomas de la borrachera, algunas discusiones, gente a la que se le metía la cabeza dentro de un cubo de agua para refrescarle las entendederas, pero aun así, la música no paraba.

 

El guajiro sobrio es muy respetuoso, es que tenía que serlo, allí ninguna hembra andaba sola, venían con los padres, los hermanos y muchas vainas cargadas con sus machetes, que naide se quitaba pa bailar. Los hombres sacaban de su bolsillo trasero un pañuelo y lo sostenían en la mano derecha que pasaban por la cintura de su pareja. Se mantenían a medio metro de distancia y las miradas perdidas a otra parte, que no fuera el rostro de la muchacha ni la del hombre. Esos rostros eran vigilados por los padres y hermanos, también por otras comadres, como queriendo adivinar algún mensaje, porque los ojos hablan mucho más que las bocas, eso lo saben los guajiros. Separados por abismos bailaba la pareja, eran muy sencillos sus pasos, pa la izquierda y pa la derecha, eso era too, moviendo el brazo parriba y pabajo, sacándole agua al pozo, too el tiempo así, sacando agua y naa de mover las caderas ni el culo, eso es ahora que la gente lo mueve too sin vergüenza, sacando agua del pozo, en un baile que dura cien años, hasta secarlo como ha sucedido hoy. El guajiro bailaba serio, sudaba copiosamente, no era tanto por el calor del ambiente, más bien, era el fuego que lo quemaba dentro. El que produce el aguardiente, pero allí estaba, pa la derecha y pa la izquierda, mientras la vaina del machete le chocaba la pantorrilla en esos movimientos y le recordaba que era un macho. Mostraba con mucho orgullo su mango de nácar, luego, después de terminar la pieza, la acompañaba hasta su asiento e intercambiaba cumplidos con la familia, quienes se interesaban por la suerte de sus padres y animales.

 

El primer descanso de los músicos, se utilizaba por los presentes para atacar la mesa donde se hallaba expuesta la comida, el lechón era picado a golpe de machetes y cada cual se servía un buen trozo acompañada de viandas de too tipo. Se bajaba con unas deliciosas limonadas y cada cual se sentaba en sus mismos puestos. Las mujeres hablaban con disimulo de los hombres, mirándolos con el rabillo del ojo, los más jóvenes se iban para el frente del bohío donde cruzaban infinidad de jaranas, acompañadas de chiflidos y gritos que le dirigían a las montañas para decirles que estaban contentos, éstas, les respondían inmediatamente.

 

Casi siempre y después de la comida, comenzaba una parte importante del guateque, eran las “Controversias”. Dos o tres poetas improvisaban versos cantados o décimas, generalmente se iniciaban como simples retos entre ellos, para ver quien se distinguía más, pero en la medida que avanzaba el tiempo, aquellas décimas se hacían más provocativas y ofensivas, motivo por el cual había que tener mucho cuidado, porque no fueron pocas las que acabaron a trompadas limpias y algunas a machetazos. Esto ocurría con gente que llegaba de otras zonas y siempre sucedía eso, ante el celo de los guajiros que cuidaban sus palomas. No por estas razones se podía asegurar que la gente del campo fuera mala, todo lo contrario, eran bondadosas y generosas, muy solidarios con los que se encontraban jodíos, porque si de eso se hablara, cada cual había tenido sus experiencias. Hoy es diferente, es como si el guajiro se haya convertido en bandido y sinvergüenza que se aprovecha del mal de la gente.

 

En una de esas fiestas bravas fue que me robé a Rosario, lo había planeado desde mucho tiempo antes de las celebraciones por el fin de la zafra, me lo jugué el too por el too, pero me salí con las mías. Aquella hembra era el centro de la vista de toos los guajiros del cuartón, pero yo sabía que ella me pertenecía, fue muy difícil nuestra relación, solo cruces de miradas y un deseo que te rompe las entrañas. Too lo preparé muy bien y nada podía fallar, de suceder, me hubiera costado la cabeza. Nunca había observao tanta vigilancia sobre una mujer, las razones eran fuertes, pero a mí se me metió dentro de esta cabeza con mucha fuerza, por eso, me intrinqué en el monte, por donde naide pasaba y allí preparé una guarida donde acumulé alimentos, tal vez para soportar una semana sin salir a la vista de naide, pa que naide nos molestara, fue debajo de una yagruma, bien metío monte adentro, pero desde donde divisaba la guardarraya que salía de los Silvanos. Esperé con mucha paciencia, con toda la que existe en el mundo entero, hasta que la gente estaba contenta y había pasado la media noche, mucho tiempo para que el alcohol hiciera sus efectos, entonces, cuando el conjunto tocó uno de esos sones que siempre me gustó, uno suavecito de verdad, le dije, cuando le di la espalda a su familia que no paraba de mirarme los labios; Te espero detrás de la letrina dentro de un rato, solo parte cuando no me veas, no te preocupes por nada porque yo te estaré mirando.

 

Aquella hembra era de ley y ya era hora de que tuviera a su macho, dispué de la pieza me perdí, hice como el que va a servirse un trago y a naide le llamó la atención. En verdad que muchos estaban medios borrachos, entonces, por un costado del bohío penetré en la oscuridad y me dirigí hasta el fondo de la letrina. La peste a mierda me tenía molesto a los cinco minutos de estar allí, pero desde ese punto podía vigilar todos los movimientos de mi hembra, el tiempo pasaba y vi como dos muchachas se acercaron a la letrina, adentro había un candil encendido y ellas entraron al mismo tiempo. Yo podía observarlas por las rendijas y oír como salía disparado el chorro de meao por esa presión de haberlo aguantado varias horas, luego, cuando terminó la primera se sentó la segunda y el ruido fue similar. Hablaron dos o tres cosas de los muchachos y se largaron, Rosario continuaba con su madre, aquella vieja no le perdía ni pies ni pisadas y eso me encabronaba, no comprendía esa actitud de las viejas en querer conservar a las hijas como estatuas, comencé a ponerme nervioso en la medida que el tiempo pasaba. En cualquier momento a la vieja se le ocurría la brillante idea de pasar al interior de la casa y too se iba al carajo, estaba refrescando.

 

De pronto, me llené de esperanzas, vi como Rosario se levantaba de su taburete y con la mano hacía una señal en dirección a la letrina. Allí quedaban la vieja esperando, los músicos tocando y los hombres empinándose del pico de las botellas. Muy poca gente bailaba, todos llevaban el mismo ritmo, desde el lugar donde me encontraba parecían muñequitos, pa la derecha y pa la izquierda, pa la derecha y pa la izquierda, los brazos lo mismo, parriba y pabajo, parriba y pabajo, sacándole agua al pozo, hasta secarlo. A solo unos pasos de la puerta llamé a Rosario, ella se dirigió a la parte trasera por el lado contrario a donde yo estaba, no pude evitar darle un beso, uno muy largo que duró una eternidad, había sido el primero de cientos que cambiaríamos en vida, después la tomé firme de la mano y ella se dejó llevar. Yo tenía medido todos los pasos, cada maraña del monte me lo conocía al dedillo, cada piedra, cada hueco que existía en mi camino, por eso no nos caímos a pesar de la oscuridad y avanzábamos rápido, hasta que las notas de la música se oían lejanas, hasta que estas dejaron de sonar y solo se escuchaban gritos y chiflidos que la montaña contestaba. Solo un nombre retumbaba todo aquello y era el de mi amada, unos veinte minutos después de haber salido llegamos al pequeño ranchito, lo levanté con cuatro estacas y le puse techo para no mojarnos en caso de que lloviera, pero ese no era nuestro hogar definitivo, ese era el de nuestra Luna de Miel, el de dos fugitivos.

 

Nos acomodamos en un lugar de la maleza desde donde podíamos divisar la guardarraya, siguiendo a los gritos, vimos aparecer los mechones que la gente llevaba en las manos para alumbrarse el camino. Los gritos ahora los sentíamos más fuertes, casi a nuestro lado; ¡Chayoooo! Era respondido rápidamente por las montañas, nuestras cómplices. Volvían a gritar y las lomas les contestaban de nuevo, vimos andar a toda una caravana de luces por aquel camino, se detuvieron en el río y solo unas continuaron el ascenso de la montaña vecina, debieron ser los familiares, los verdaderos interesados en la guajira. El resto de aquellos mechones regresó por donde habían bajado, no querían que se aguara la fiesta por una hembra robada o escapada. Cuando pasaron otra vez cerca de nuestro observatorio, pudimos oír algunos comentarios, unos se reían, pero todos estaban intrigados. No sabían con quién se había escapado la muchacha, se encontraban confusos por los efectos del alcohol y por el alboroto que la vieja había formado a la entrada de la letrina. Como toos los hombres salieron rápido en busca de la pieza extraviada y en medio de la oscuridad, nadie supo quién era el que faltaba.

 

Dispué que desfiló la última lucecita, le tomé la mano nuevamente y la llevé hasta el ranchito. Yo había preparado una cama con cuatro estacas como patas clavadas en el suelo, el bastidor lo construí con las fibras tejidas de la corteza de majagua y de colchón usé sacos de yute rellenos de paja, pero siempre me traje una vieja sábana de la casa. No podía quejarme, la montaña es generosa con quienes la conocen, colgados del techo y metidos en sacos, tenía los aprovisionamientos para unos días y algunos trastos, debíamos esperar a que pasara la furia de sus padres y hermanos, un guajiro encabronao es peligroso, nunca comprendí por cual razón formaban todo ese espaviento, si allí en las montañas toas las hembras fueron robadas, hasta la madre de Rosario y la mía propia.

 

Nos tiramos sobre aquel lecho que olía a toas las yerbas del mundo fundidos en un beso, puedo asegurarles que en esos momentos no sabía cómo seguir adelante, juro por Dios y toos los Santos, que nunca me había acostao con una mujer. Desde muchacho resolvíamos las cosas como se hacían en el campo, unas veces nos íbamos un grupo para el río con una yegua y allí armábamos la cola detrás de ella, cada cual con la picha parada, sin pena alguna y entre risas, cada uno cumplía con su turno, toiticos nos veníamos dentro de la desgraciada y veíamos como a la cabrona se le salían las goticas de leche y nos reíamos sin vergüenza por lo que hacíamos, esa era nuestra vida. Los más osados y algo mayorcitos, se gastaban un peso con las putas del pueblo, cuando un peso valía algo, pero eso no era muy aconsejable porque algunos pescaron enfermedades. Por esa razón, era mejor metérsela a una yegua, nosotros las conocíamos y sabíamos que no estaban enfermas. Otras veces, vigilábamos cuando las muchachas se iban a lavar al río y nos escondíamos durante muchas horas, hasta que ellas se desnudaban para bañarse, entonces en silencio, nos botábamos una paja, luego abandonábamos los escondites y comentábamos sobre las tetas de Marita o la pendejera de Tomasa, así, hasta que nos enterábamos cuando volvían al río nuevamente.

 

Cuando ardíamos como tizones para asar puercos, nos fuimos desnudando sin ningún tipo de recato, a lo lejos volvió a escucharse la música y la majestuosidad del Laúd sobresaliendo por encima de todos los instrumentos. Por un instinto natural me coloqué encima de ella sin despegar los labios y sin saber cómo continuar, ambos nos encontrábamos desesperados por llegar a este momento, ella me ayudó y como un animal salvaje, hice lo que hacen todos los animales. Luego, entre gemidos y con ese agradable aliento chocándome en pleno rostro, me vino a la mente el baile, el movimiento de las manos parriba y pabajo, parriba y pabajo, solo que aquí no le sacaba agua al pozo, bailé el Son más sabroso que se puede bailar en las montañas, echándole hasta llenarlo.

 

Caímos muertos mientras amanecía, la música no paraba de sonar pero ya se había acabado el repertorio, repetían la primera, la segunda, la penúltima y sobresalían ahora los gritos que se producen en la borrachera. De nuestro acto solo fueron testigos las estrellas que se empinaban más altas que aquellas montañas, una de ellas debe ser ahora Rosario, quien no quiso que yo la acompañara, dejándome solo como testigo de todos estos cambios.

 

Así gastaba el día Gumersindo, hablando y hablando, para un público sordo y enano, recostado en su taburete, adivinando cuando pasaba un pájaro carpintero, tal vez un tocororo. De vez en cuando llegaba hasta él el viejo perro de la casa y se tiraba a su lado para tomar el sol de la mañana, cuando la sombra le tocaba la punta de las alas de su inseparable sombrero de yarey, sabía, que cuando ella llegara a las rodillas cantaría la guacaica. Entonces, Margarita llegaba del campo sofocada, lo hacía después de llevarle el almuerzo a los muchachos y le traía su plato de viandas, el que se comía en la misma posición. Luego caía con esa modorra o sopor que produce el estómago lleno en una agradable siesta, siempre con el sombrero cubriéndole la cara.

 

Ese día, la sombra tocó el sombrero y cantó la guacaica pero Margarita no llegaba, el viejo sintió un fuerte latigazo en el pecho y comprobó que la lengua se le entumecía, le faltaba el aire y no hizo nada por retenerlo. Se tiró el ala del sombrero sobre el rostro como hacía después del almuerzo, mientras de sus labios brotaba una feliz sonrisa, vio como su alma se separaba de aquel cuerpo cansado y enjuto, marcado en los últimos minutos de su larga vida, por esa felicidad que lo acompañó en sus largas jornadas dentro de esas montañas. Chayo lo tomó de la mano y partieron de nuevo, ahora era ella quien se lo robaba.

 

Margarita llegó como siempre con el plato en las manos y se asombró de verlo con el sombrero sobre el rostro, lo llamó con insistencia y el viejo nunca contestó, cuando levantó el sombrero, la felicidad reflejada en el rostro del viejo opacó su dolor. Llegaron muchos de todos los cuartones vecinos, de su generación quedaban pocos, pero se hicieron llevar para despedir a aquel amigo. Llegaron los de la generación siguiente, solo faltaron los nuevos, los que se dejaron arrastrar por las nuevas corrientes, esos no se enterarían de la muerte del viejo, no creo les importara mucho, menos aún le importaría a él. El funeral se hizo al estilo de sus tiempos, en el campo muy poco había cambiado, fueron muy leves el soplo de esos vientos que todo lo revolucionaron. La noche se alumbró de candiles y mechones que llegaban de distintas direcciones, muchas más que aquellas que los buscaron la noche del guateque cuando se robó a su hembra. Se preparó comida para todo el mundo y no faltaron las botellas de ron. En el cuarto lloraban las comadres, las hijas y las nueras, afuera, los hombres hablaban de sus bondades. Se cavó una fosa al lado de la de Rosario, muy juntas, como estuvieron toda la vida y cuando la rústica caja descansó en el fondo, el hijo de Genaro sonó el Laúd para entonar un Son, aquellas celestiales notas lloraron sin consuelo.

 

 

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá

20-09-2000.

 

 

 

""CANTO POR UN AUSENTE""

 

 

¡Canta Trovador! ¡Trovador canta!


Un solo de tres como introducción, 

le siguen las maracas, 

entra las claves y el guayo, protesta el bongó, 

bailan las guitarras y el bajo, 

hace su reverencia el laúd, 

bajan de tono cuando oyen la voz del cantante.

 

Canto a mi cielo, nublado o despejado,

celeste, añil, prusia, negro o gris, unas veces estrellado,

canto al lucero del alba, a mi sol ardiente, canto a la luna,

a la luna del poeta, a la del desvelado enamorado,

canto a ese cielo apacible y tierno,

bruto, fiero y temible cuando está enojado.

 

¡Canta Trovador! ¡Trovador canta!

Canto a la tierra que me vio nacer,

a sus valles, ríos, y a sus montañas,

le canto al zunzún y al Turquino,

a mis sabanas con sus cañaverales,

al surco y la guardarraya, al dulce olor de los Centrales.

Canto a las hermosas mujeres, a la madre, la esposa, a la amiga,

a la hermana, a la buena hembra, a la trabajadora, 

a la jinetera, a la artista y a la viuda que llora, 

canto a la maestra, a la blanca, a la negra, a la mulata.

 

¡Canta Trovador! ¡Trovador canta!

Canto a mi comida, lo hago por el lechón, la yuca, el boniato, 

el arroz con frijol, el ajiaco y la harina. 

Le canto a mi Son y a mis palmas, 

también a la Mariposa nuestra flor, 

al ron y al tabaco, al café sin mezclarlo

 y al hermoso Tocororo por su color............

 

...................... Silencio .... .............

 

¡Canta Trovadora! ¡Trovador canta!

No puedo, ya he terminado,

¿no oyeron que pararon las maracas?

Y al mar, ¿por qué al mar no le cantas?

Porque algo se me quiere salir del pecho,

se me traba la garganta y no tengo inspiración.

No importa Trovador, yo te doy el pie de amigo,

tal vez así regrese la musa de tu arte,

pero canta, cántale al mar por favor.

Aquí van mis palabras, en desorden, sin hilarvarlas; profundo, negro, violento, Changó, tumba, sediento, inanición, niños, balsas, olas, viejos, Orula, lanchas, detonación, crimen, escualos, Yemayá, estrecho, jóvenes, mujeres, alucinación embestida, desaliento, Ochún, futuro, sueños, recuerdos, colisión, quemaduras, pánico, gritos, súplicas, deshidratación, disparos, avión, frío, lluvia, espejismo, vómitos, traición , violencia, sacrificio, Obatalá, esperanza, hambre, desesperación, ilusiones, miedo, silencio, delfines, mareos, revolución.

 

¡Canta Trovador! ¡Trovador canta!

Canta en rima, en décimas, en prosa, desafinado,

aunque pierdas la voz y sea tu último canto,

cántale al mar y a nuestros muertos, a los asesinados,

para que se entere el cómplice y sordo mundo

para que sepan que no están olvidados y tienen voz,

para que tiemblen los verdugos y los generales.

 

¡Canta, canta sin parar Trovador!

Suena el laúd, la guitarra y el tres,

lloran las maracas, el guayo, las claves y el bongó,

se oyen del trovador las mejores tonadas,

palabras que nunca serán olvidadas,

para que no tengan que cantarse mañana.

 

 

 

Esteban Casañas Lostal

Montreal, Canadá

02/10/2001

 

 

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Síntesis biográfica del autor

CRONOLOGÍA DE UNA AVENTURA

                               CRONOLOGÍA DE UNA AVENTURA La vida para mí nunca ha dejado de ser una aventura, una extensa ...